sábado, 18 de enero de 2014

Oda a la poesía (Pablo Neruda)

Cerca de cincuenta años
caminando
contigo, Poesía.
Al principio
me enredabas los pies
y caía de bruces
sobre la tierra oscura
o enterraba los ojos
en la charca
para ver las estrellas.
Más tarde te ceñiste
a mí con los dos brazos de la amante
y subiste
en mi sangre
como una enredadera.
Luego
te convertiste
en copa.

Hermoso
fue
ir derramándote sin consumirte,
ir entregando tu agua inagotable,
ir viendo que una gota
caída sobre un corazón quemado
y desde sus cenizas revivía.
Pero no me bastó tampoco.
Tanto anduve contigo
que te perdí el respeto.
Dejé de verte como
náyade vaporosa
te puse a trabajar de lavandera,
a vender pan en las panaderías,
a hilar con las sencillas tejedoras,
a golpear hierros en la metalurgia.
Y seguiste conmigo
andando por el mundo,
pero tú ya no eras
la florida
estatua de mi infancia.
Hablabas
ahora
con voz férrea.
Tus manos
fueron duras como piedras.
Tu corazón
fue un abundante
manantial de campanas,
elaboraste pan a manos llenas,
me ayudaste a no caer de bruces,
me buscaste
compañía,
no una mujer,
no un hombre,
sino miles, millones.
Juntos, Poesía,
fuimos
al combate, a la huelga,
al desfile, a los puertos,
a la mina,
y me reí cuando saliste
con la frente manchada de carbón
o coronada de aserrrín fragante
de los aserraderos.
Y no dormíamos en los caminos.
Nos esperaban grupos
de obreros con camisas
recién lavadas y banderas rojas.

Y tú, Poesía,
antes tan desdichadamente tímida,
a la cabeza
fuiste
y todos
se acostumbraron a tu vestidura
de estrella cotidiana,
porque aunque algún relámpago delató tu familia
cumpliste tu tarea,
tu paso entre los pasos de los hombres.
Yo te pedí que fueras
utilitaria y útil,
como metal o harina,
dispuesta a ser arado,
herramienta,
pan y vino,
dispuesta, Poesía,
a luchar cuerpo a cuerpo
y a caer desangrándote.

Y ahora,
Poesía,
gracias, esposa,
hermana o madre
o novia,
gracias, ola marina,
azahar y bandera,
motor de música,
largo pétalo de oro,
campana submarina,
granero
inextinguible,
gracias,
tierra de cada uno
de mis días,
vapor celeste y sangre
de mis años,
porque me acompañaste
desde la más enrarecida altura
hasta la simple mesa
de los pobres,
porque pusiste en mi alma
sabor ferruginoso
y fuego frío,
porque me levantaste
hasta la altura insigne
de los hombres comunes,
Poesía,
porque contigo
mientras me fui gastando
tú continuaste
desarrollando tu frescura firme,
tu ímpetu cristalino,
como si el tiempo
que poco a poco me convierte en tierra
fuera a dejar corriendo eternamente

las aguas de mi canto.

El sexismo en los medios agrede a las mujeres. Por Helen Hernández Hornilla

La Habana, 30 may. 13. AmecoPress/SEMlac.- Encontrar en los medios de comunicación masiva representaciones sexistas y discriminatorias de las mujeres resulta cotidiano, aun cuando constituyen uno de los tipos más frecuentes de maltrato hacia la mitad femenina.
Con ello estuvieron de acuerdo el 93, 62 por ciento de las personas participantes en un sondeo en línea promovido por el sitio Género y Comunicación de SEMlac, desde finales de octubre de 2012 hasta marzo de 2013, con la pregunta: ¿es violencia de género la imagen sexista de las mujeres que reproducen los medios?
La mayoría de quienes votaron dijo proceder de otro país, pues solo 38,3 por ciento declaró ser de Cuba. El 85,11 por ciento del total fueron mujeres, quienes representaron el 91 por ciento de las respuestas afirmativas.
Todas las negaciones correspondieron a hombres. No obstante, el 57 por ciento de ellos eligió la opción positiva.
El papel de los medios de comunicación como transmisores de la ideología machista y patriarcal es una de las principales preocupaciones del feminismo contemporáneo.
Si tenemos en cuenta el rol determinante que ejercen los discursos mediáticos en la formación de representaciones sociales, imaginarios y estados de opinión pública, la permanencia de una imagen cosificada de las mujeres minimiza y lesiona, a nivel simbólico, la integridad femenina.
Tanto en los nuevos soportes de Internet y las redes sociales como en los tradicionales espacios de radio, televisión, prensa impresa o publicidad, se perpetúan prejuicios y estereotipos de género.
La doctora en ciencias de la Comunicación Isabel Moya Richard define la violencia simbólica hacia la mujer como "la reproducción en los medios de comunicación masiva, y en general, en las industrias culturales de un discurso sexista, patriarcal, misógino que descansa en prejuicios y estereotipos para presentar la realidad y los procesos sociales en todos los ámbitos: el productivo y el reproductivo, el público y el privado, la base de la estructura económica y la superestructura sociocultural".
En su artículo "Del silencio al show mediático", publicado en la revista digital La Jiribilla, la periodista especifica la manera en que se utilizan herramientas y mecanismos expresivos para presentar a las mujeres asociadas a roles, juicios de valor, concepciones y teorías que "naturalizan" su subordinación.
Tanto la reducción del ser femenino a su cuerpo, la estandarización de la belleza según un canon occidentalizado y poco saludable, la presencia como objetos sexuales, la ausencia de mujeres empoderadas en los medios, la victimización e invisibilización de sus conflictos, figuran entre las manifestaciones frecuentes de esta violencia mediática.
También el maltrato machista se evidencia "cuando las mujeres del Sur son tratadas con enfoques folcloristas o xenófobos; cuando se culpabiliza el amor entre mujeres; se confinan los llamados ’asuntos de mujeres’ solo a determinadas secciones de periódicos o noticiarios; cuando la letra de una canción grita a los cuatro vientos que ’la castiguen’; cuando la protagonista de una serie para adolescentes solo vive para su ’físico perfecto’ y la vemos multiplicadas en muñecas, camisetas y vasos desechables", abunda Moya en el texto citado.
El sexismo mediático puede considerarse una de las más cotidianas expresiones de la violencia de género debido a la hegemonía actual de los medios de comunicación pública, pero permanece naturalizado y existen pocas formas de regularlo.
La República de Argentina es pionera en este sentido, pues las leyes de Violencia de Género y de Medios, aprobadas en 2009 y reglamentadas en 2010, incluyen la violencia simbólica y mediática entre los tipos sancionados.
En la primera norma, la violencia mediática se describe como "aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, o discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres".
La norma prosigue: "así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres".
Varios medios y empresas publicitarias han sido denunciados y sancionados en ese país gracias a esas normativas.
Según opina la periodista argentina Sandra Chaher en su artículo "Avanza el control sobre la violencia mediática", esta figura jurídica está incluida en algunas leyes de violencia de otros países del continente, pero ninguno tuvo el desarrollo que logró en Argentina.

"En muchas naciones que cuentan con leyes de violencia de segunda generación, no se logró incluir el articulado de violencia mediática debido a la resistencia de los medios de comunicación que cuestionan la regulación de los contenidos sexistas como un ataque a la libertad de expresión", explica la directora de la agencia Comunicar Igualdad.

El EZLN 30 años después: de guerrilla a movimiento social. Por José Gil Olmos

El pasado 17 de noviembre el EZLN cumplió 30 años de existencia como grupo guerrillero cuyo origen son las Fuerzas de Liberación Nacional creadas en 1969 por los hermanos regiomontanos César y Fernando Yáñez Muñoz.
Desde entonces a la fecha esta agrupación armada ha tenido momentos importantes en su evolución: se transforma en Ejército después de su llegada a Chiapas en 1983, con la idea de derrocar al gobierno e instaurar otro; y se convierte en movimiento social en 1994 sin pretensiones de tomar el poder tras presentarse públicamente y declararle la guerra al Estado mexicano.
Paradójicamente, o mejor dicho, de manera surrealista, el zapatismo ahora es una “antiguerrilla”, que como dice el sociólogo francés Yvon Le Bot, en su último libro, La Gran Revuelta Indígena, responde más a un movimiento social indígena que a la guerrilla clásica.
Durante estos años, 24 como organización clandestina y 20 públicamente como EZLN, este grupo ha sobrevivido a los cambios ideológicos y políticos, adaptándose con extraordinaria capacidad a los tiempos actuales. Si en algún momento se formó y estructuró como un grupo guerrillero de mestizos (obreros, estudiantes, intelectuales, sindicalistas, profesores, etc.) que impulsaba el cambio a través de las armas, hoy es uno de los movimientos sociales indígenas que más ha influido en los grupos antisistémicos del mundo y en las organizaciones y pueblos indígenas de México y América Latina.
Si bien falta mucho por saber de la historia del EZLN y de sus personajes principales, hay algunos elementos sustanciales que lo han caracterizado a lo largo de sus 44 años de vida. Esto es, desde que se hizo llamar: Fuerzas de Liberación Nacional. Aunque parezca tautológico, se trata de una organización clandestina con estructura militar que sigue funcionando como tal a pesar del perfil de movimiento social que ha tomado desde que se declaró el cese al fuego el 12 de enero de 1994. De ahí es que se puede señalar que la frase “mandar obedeciendo” sólo sea una declaración del subcomandante Marcos pues en realidad las órdenes se siguen dando con una jerarquía de mandos y se obedecen como en cualquier organización militar.
Otro de los elementos sustanciales del EZLN es que a pesar de haber usado la violencia, en realidad su apuesta siempre ha sido por la organización y concientización política. De ahí se puede entender que luego de declarar la guerra al Estado mexicano levantándose en armas y la declaratoria de cese al fuego después de 12 días de enfrentamiento, toman el camino de la política y hacen una serie de propuestas a la sociedad civil para organizarse (la Convención Nacional Democrática, el Movimiento de Liberación Nacional y los Acuerdos de San Andrés) que no tuvieron éxito hasta llegar a su propia iniciativa de autogobierno con los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno que en agosto pasado ya cumplieron una década de existencia en Chiapas.
El tercer elemento es que no se han propuesto la toma de poder ni gobernar. Por eso es que una buena parte de la narrativa del zapatismo y en especial del subcomandante Marcos sea contra el sistema de partidos por los altos grados de corrupción que contienen y la falta de representatividad social. Desde 1994 los zapatistas impidieron las campañas y las elecciones en sus territorios, nadie pudo convencerlos de participar como lo intentaron Cuauhtémoc Cárdenas en 1994 y Andrés Manuel López Obrador en el 2006.
Durante estos años el EZLN y el subcomandante Marcos han mostrado su pericia para manejar la estrategia de comunicación política y mantenerse vigentes a pesar de que ya no tienen la misma exposición mediática como la tuvieron desde 1994 hasta el 2006 cuando realizaron la gira por todo el país en la llamada “La Otra Campaña”.
Sus propuestas de innovación organizativa, los escenarios que ponían para sus eventos, el carácter global de sus convocatorias, así como la narrativa literaria de Marcos pusieron a los zapatistas en la vanguardia social, pero tuvieron un agotamiento natural y se estancaron. Esa frescura se extraña ahora ante la ausencia de liderazgos y de discursos que muevan a la sociedad.
El EZLN ha cambiado mucho a lo largo de su historia. Ya no es aquel grupo guerrillero que se alió con los pueblos indígenas para transformar al país, hoy es el movimiento social indígena que va en la misma corriente latinoamericana de pueblos originarios que defienden sus territorios de los grupos políticos aliados a las trasnacionales mineras, eólicas, petroleras y del crimen organizado que amenazan con despojarlos de sus tierras.

Como dice Le Bot en su último libro La gran revuelta indígena, el zapatismo es una antiguerrilla, que se alejó de la lucha armada tradicional, pero que se quedó atrapada entre el grupo armado y un movimiento social. Pero habría que decir que aún vive y persiste a pesar de las presiones externas y las divisiones internas. Esto es, es un grupo social indígena en movimiento y transición.