lunes, 30 de septiembre de 2013

Un pueblo desangrado por la emigración



Por José A. Delgado ( publicado en el Nuevo día, 29 de septiembre de 2013)

WASHINGTON – Las proyecciones son tan indisputables como alarmantes: el  alto éxodo de puertorriqueños hacia Estados Unidos,  solo comparable con la gran emigración de mediados del pasado siglo, es la nueva norma.
La emigración hacia Estados Unidos ha ido en aumento desde la década de 1980, pero en los últimos años, sobre todo a partir de 2006 -cuando la economía boricua entró en recesión-, ha subido a cifras inesperadas. En 2003, la diáspora boricua en Estados Unidos  estaba formada por el mismo número de personas que el total de habitantes de la isla: 3.8 millones. Esto marcó, de por sí, un momento histórico.
Hoy, 10 años después, sin embargo, parece noticia de otro siglo, cuando se toma en cuenta que ahora cerca del 60% de las personas que afirman su origen puertorriqueño tiene su domicilio en un estado de Estados Unidos.
Los datos más recientes de la Encuesta de la Comunidad del Censo federal señalan que en 2012 las personas de origen boricua en Estados Unidos sumaban 4.97 millones, frente a 3.67 millones de personas que viven en la Isla. Si se excluye a los extranjeros, la población la Isla queda en 3.51 millones, prácticamente 1.5 millones menos que los que se identifican como boricuas en Estados Unidos.
En la última década la diáspora creció en un 35%. En ese mismo período de tiempo el aumento de la población en Estados Unidos fue de 9.7%.
La masiva emigración hacia  Estados Unidos ha avivado el debate sobre los múltiples efectos de esto en la isla, con la población disminuyendo y envejeciendo. La única otra jurisdicción federal que perdió población durante la década de 2001 a 2010 fue Michigan, un estado que también ha estado sumido en una dura crisis económica.
“Si el patrón continúa, al terminar esta década es probable que dos tercios de los puertorriqueños residan en Estados Unidos”, dijo el profesor Edwin Meléndez, director del Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College de Nueva York.
La emigración a Estados Unidos se masificó en la década de 1940 y subió a su nivel más alto en los '50. Después de haberse reducido en los '70, lleva tres décadas de continuo crecimiento. Pero, hacía medio siglo que no se veía un salto como en la década anterior cuando cerca de medio millón de personas se fueron al Norte.
Para muchos padres ya no es extraño tener a la mayor parte de sus hijos en Estados Unidos, como consecuencia de la realidad de un país que, como ninguno otro en esta región, tiene más personas en la diáspora que en su territorio.
Desde hace dos décadas, Myriam Soto, de San Juan, tiene a sus tres hijos en Estados Unidos, dos ahora radicados en Florida y una en la zona de Washington D.C. Aunque le traen a los nietos a la Isla, Soto les visita periódicamente. “Los nietos saben que abuelita va a verlos cada cierto tiempo”, indicó Soto, jubilada desde hace 13 años de la Corporación del Fondo del Seguro del Estado.
No ha contemplado, sin embargo, brincar el charco.  “Tengo mis cosas y mi rutina en Puerto Rico”, dijo Soto.
Roger Rodríguez y Luz Roche, de Villalba, vieron con tristeza como a finales de la década de 1990 y principios de la década de 2000, sus tres hijos decidían buscar nuevas oportunidades económicas en Estados Unidos. “Cuando se fue la primera, hace unos 15 años me dio mucha pena. Entonces cuidaba a mi primer nieto. Cuando se fue el más pequeño, el último, sí que me dio mucho dolor, pues no pensaba que se iba a ir”, dijo Roche.
Por lo menos una vez al año van a Nueva Jersey y Maryland a ver a sus hijos y nietos.  “Cuando me da un bajón de nietos mando a buscar alguno”, contó Roche, quien narró que cada vez que vuelve a ver a sus hijos se le ilumina la vida, pero sufre inmensamente en el momento de la nueva despedida.
 Un desplazamiento que no cesa
Las proyecciones del Censo federal son que la población de Puerto Rico descenderá a 2.3 millones en 2050, el mismo número de habitantes que había en 1950, justo un siglo antes. A un plazo más corto, 2025, los estimados del Censo federal son que la población quede en 3.38 millones.
“Los comienzos de esta década parecen una continuación de la anteriores, pues en todo caso la emigración pudiera intensificarse debido a la situación económica en Puerto Rico”, indicó el antropólogo Jorge Duany, profesor de la Universidad Internacional de Florida.
No fue hasta mediado de la pasada década que la oficina del Censo federal, por medio de la Encuesta de la Comunidad, comenzó a ofrecer las herramientas para  ordenar mejor el conteo sobre el total de personas que dejan la Isla para radicarse en Estados Unidos.
A base de los datos de la Encuesta de la Comunidad del Censo federal y el movimiento de pasajeros que registra la Autoridad de Puertos, el Instituto de  Estadísticas de Puerto Rico ha calculado que el total de emigrantes durante la pasada década pudo rondar los 450,000.
De esos más de la mitad salió de la Isla a partir de 2006, cuando la isla entró en una recesión económica que aún le mantiene dando tumbos, expiró la sección 936 del Código de Rentas Internas y la crisis política interna generó un cierre de dos semanas del gobierno de la Isla.
Para poder explicar que la brecha en la población de Puerto Rico y los que residen en Estados Unidos haya llegado a ser de 1.3 millones, los conocedores consideran que, junto a la caída en la tasa de natalidad, hay que partir de la premisa de que medio millón de boricuas se marchó de Puerto Rico entre 2001 y 2010. Nada ha cambiado desde entonces, como lo reflejan los nuevos datos de la Encuesta de la Comunidad, que indican que la emigración neta fue de más de 54,000 personas en 2012.
 La “guagua aérea” hacia Florida
Durante las últimas dos décadas, la ruta principal de la guagua aérea boricua ha sido hacia el estado de Florida. El primer gran salto en el éxodo hacia Florida ocurrió durante la década de 1990 a 2000. Pero, de 2001 a 2010 el total prácticamente se duplicó, hasta alcanzar los 850,000.
Los nuevos estimados del Censo federal indican que la población boricua de Florida ahora alcanza las 912,595 personas. Las expectativas son que en el 2020, al terminar esta década, haya más boricuas en Florida que en Nueva York, un estado en el que viven 1.1 millones de personas que afirman su origen puertorriqueño.
Las decenas de miles de personas que se van cada año en busca de un trabajo o una oportunidad para avanzar económicamente son también un testamento de tenacidad.  “Hacen lo que haya que hacer por sobrevivir y encontrar trabajo. Toda esa experiencia choca con la idea de algunos de que somos vagos”, dijo Meléndez.
En un análisis que publica el Centro de Estudios Puertorriqueños, el investigador Kurt Birson sostiene que a pesar de que muchos de los boricuas que se mudan a Estados Unidos salen en busca de un mejor trabajo, no siempre se les hace fácil.
De acuerdo al estudio, los puertorriqueños que emigraron entre 2000 y 2011 “estaban desempleados a una tasa de 24.6%”, en comparación con la tasa de 17.2% que había en la Isla hace dos años. Junto a los dominicanos y mexicanos, la diáspora boricua es el tercer grupo con el mayor porcentaje (28%) de personas bajo el nivel de pobreza, solo por encima de los  hondureños (33%) y guatemaltecos (29%).
 “Fuga de talento”
En términos proporcionales, la ‘fuga’ de profesionales y jóvenes con educación universitaria no es lo proporcionalmente gigantesca a la impresión que en ocasiones se ha proyectado.
Pero, ello no supone que sea menos preocupante. Los datos de la Encuesta de la Comunidad  del Censo federal– entre los años 2000 y 2011 – señalan que la emigración boricua hacia Estados Unidos ha sido representativa del perfil socioeconómico de la Isla.
Cierto que el 45% de los que tomaron la guagua aérea tenían estudios universitarios, pero el porcentaje no es muy distinto a los que se quedaron (43%), según el análisis de Birson. El 20% de los que salieron tenían bachillerato o una maestría. Pero, el porcentaje (22) de los graduados de bachillerato o maestría es más alto entre los que se quedaron.
Estos datos, sin embargo, no minimizan el hecho de que Puerto Rico pierde cada año muchos jóvenes profesionales en las áreas de ingeniería, medicina, ciencias y educación. En su estudio “Perfil del Migrante”, el Instituto de Estadísticas mantuvo que entre los poco más de 76,000 personas que se fueron de la Isla en 2011, pudo haber cerca de 2,000 maestros, 300 médicos y 170 abogados.
La mediana de edad de los emigrantes fue de 29.2 años. “No es que los que salen tienen mayor educación formal, es que ahora hay más jóvenes profesionales en Puerto Rico. Eso se refleja también en la emigración”, dijo Meléndez.
Muchos de los que están en Florida central se fueron a ocupar puestos de trabajo en área de servicio en Disney World. Florida ha sido también el destino de muchos ingenieros que trabajan para la NASA en Cabo Cañaveral.
Grupos significativos de ingenieros boricuas también han terminado en Texas y la zona de Washington, atraídos tanto por la NASA, otros sectores del Gobierno,  empresas tecnológicas e industriales.
“Los puertorriqueños en Florida tienen más ingresos, mayor ocupación y niveles educativos más altos que los de otros estados como Nueva York, Pensilvania y Massachusetts”, expresó Duany.
 “Me tuve que ir”
A los 46 años, Carlos Hernández, un ingeniero mecánico, aceptó un trabajo como empleado civil de la Marina de Guerra en Nuevo Hampshire. La empresa de construcción de su padre, donde trabajaba, enfrentaba problemas. Era 2011, un año que Hernández quisiera olvidar, y el sector de la construcción en la Isla tocaba fondo.
“Llevaba dos años prácticamente viviendo de mis ahorros y pagando $2,000 mensuales por un colegio privado de educación especial para uno de mis tres hijos. Me tuve que ir”, señaló Hernández, quien ahora, con base en Jacksonville (Florida), es gerente de programas a cargo de rehabilitar los sistemas de aire acondicionado de los edificios de la Marina.
El director del Instituto de Estadísticas, Mario Marazzi, afirmó que para un país pequeño como Puerto Rico, “que no es un centro mundial”, tiene una significativa importancia el que “la crema de nuestra población, como los ingenieros que se gradúan del RUM, sean atraídos por trabajos en Estados Unidos y no se queden en la Isla”.
 Una población que envejece
En 2012, la población de 65 años o más en Puerto Rico representaba el 15.6% de todos los habitantes de la Isla, en comparación con 11.2% en el 2000.  “Mientras la población total se redujo en 3.8%, entre el 2000 y 2012, la población de 65 años o más aumentó en 36.1%”, agregó Marazzi.
Si se toma en cuenta la población de 60 años o más, el porcentaje salta a casi el 22%. Las proyecciones son que el porcentaje de personas de 60 años o más puede duplicarse de cara a 2050.
El envejecimiento de la población de la Isla, sobre todo en un país con una participación laboral muy baja (39%), encara retos importantes para la forma en que el Gobierno ofrece servicios de transportación, educación, salud y vivienda.
Mientras más envejece proporcionalmente una población menos productiva es y, para rematar la crisis fiscal, menos aporta al erario público.

jueves, 15 de agosto de 2013

Relatos de inmigrantes dominicanos (AP)


(Publicado en El Nuevo Dia el 6 de febrero de 2012)

Arismendy Manzueta prefirió abandonar su siembra de arroz en el noreste de República Dominicana porque sus ganancias de la cosecha anterior apenas le "dejaron para comer" y en cambió intentó viajar con otros 70 inmigrantes ilegales a Puerto Rico en una lancha que naufragó y de la cual sólo 13 personas han sido rescatadas con vida.

"Aquí la cosa está mal y el gobierno no quiere ayudarnos", dijo a la AP Manzueta, quien utilizó 40,000 pesos (1.030 dólares) de las ganancias de su cosecha del 2011 para pagar el frustrado viaje sin permiso migratorio a Puerto Rico.

El hombre de 28 años, padre de 2 hijos y casado con una estudiante universitaria, explicó en el hospital donde es atendido por quemaduras y laceraciones que tras un año de trabajo en el campo, sus 6 hectáreas de arroz le representaron apenas unos 5.000 dólares de ingresos. Pero "¡y qué, todo se lo pagamos al banco" por los créditos para la siembra, explicó.

Los pequeños productores de arroz, como Manzueta, protagonizaron en el 2011 varias protestas para exigir al gobierno un tope mínimo al precio del saco de arroz (de 125 libras), que cayó en ese año de unos 2.200 pesos a menos de 1.700 (de 56 a 43 dólares).

El naufragio ocurrido la madrugada del sábado en la bahía de Samaná, frente a la costa de Sabana de la Mar, llenó de luto a la zona arrocera del bajo Yuna, que comprende las provincias Duarte, donde vive Manzueta, y parte de María Trinidad Sánchez.

Hasta el mediodía del lunes, los grupos de socorro habían rescatado sólo a 13 personas con vida y habían sacado del mar 18 cadáveres (12 hombres y 6 mujeres), dijo a la AP Luis Castro, director de Inteligencia Naval de la Marina.

Aunque había algunos viajeros de Santo Domingo y San Pedro de Macorís, en la costa sur del país, la mayoría eran originarios de Duarte y María Trinidad Sánchez, explicó el oficial con base en las versiones de los sobrevivientes.

Varias embarcaciones de la Marina, de los bomberos y de pescadores de Sabana de la Mar continuaban el lunes la búsqueda de cadáveres, mientras decenas de personas aguardaban en la playa con las fotos de sus familiares desaparecidos.

"Uno de los que salió vivo me confirmó que sí, que él iba en la yola", comentó a la AP Anneurys Concepción, cuyo hermano Gabriel, de 23 años y originario de María Trinidad Sánchez, se encuentra entre los desaparecidos.

El naufragio del sábado es el segundo que ocurre en los últimos dos meses, luego de que en diciembre tres personas fallecieron cuando la embarcación en la que viajaban unos 40 inmigrantes ilegales a Puerto Rico se hundió poco después de zarpar de la costa de María Trinidad Sánchez, 190 kilómetros al noreste de Santo Domingo.

Castro, jefe de Inteligencia de la Marina, explicó que en el último año se incrementó nuevamente el número de personas detenidas en su intento por viajar como inmigrantes ilegales al territorio estadounidense de Puerto Rico, arriesgando sus vidas a través del peligroso canal de La Mona en frágiles yolas (lanchas artesanales).

Luego de que la crisis financiera que afectó a República Dominicana en 2003 originó una escalada de migración ilegal a Puerto Rico, el número de detenidos en yolas había descendido progresivamente de 5.014 en 2004, a 140 en 2010, según estadísticas del Servicio de Guardacostas estadounidense.

"Nosotros hemos aprehendido a más personas" en el 2011, insistió Castro, en referencia al aumento del número de inmigrantes y de organizadores de viajes ilegales.

Además, en lo que va del año fiscal 2012, que comenzó en octubre, el Servicio de Guardacostas estadounidense había detenido a 200 "yoleros" dominicanos, una cifra similar a la de todo el 2011 y superior a los 140 arrestados a lo largo del 2010.

"Si no hay trabajo y el gobierno no nos ayuda, uno qué va a hacer", insistió Manzueta.

Ciudad Juárez, matadero de mujeres (Elena Poniatowska)

Ciudad Juárez: matadero de mujeres/ I (Elena Poniatowska)


(Publicado en La Jornada el 26 noviembre de 2002)


En una entrevista reciente, el poeta David Huerta declaró muy espontáneamente y con toda razón a propósito de las muertas de Juárez: "Esos crímenes son un absoluto y total escándalo". Sergio González Rodríguez lo corrobora con una frase a la que le dio un giro extraordinario, el de "las muertas sin fin de Ciudad Juárez". En esa misma entrevista, David Huerta acusó a Fox y lo tildó de incapaz, así como "al estúpido gobernador de Chihuahua", y concluyó: "Tienen que resolver estos crímenes, si no este país no vale la pena".
Desde luego el libro de Sergio González Rodríguez vale la pena. Huesos en el desierto nos enseña a un gobierno que cierra los ojos, a un país de culpables, y nos abofetea con la indiferencia (y también la indefensión) de 400 mil mujeres, casi la mitad de la población de Juárez, Chihuahua, que cuenta con un millón de habitantes. Asimismo nos advierte que entre 1993 y 1995 los cadáveres de 30 mujeres asesinadas se encontraron casi en el mismo lugar, que en 1995 la ciudad padeció mil 302 delitos sexuales de los que 14.5 por ciento fueron violaciones. Un año después, el número de delitos había aumentado 35 por ciento respecto a 1995. Los cuerpos estrangulados y violados encontrados en la arena del desierto pertenecían a muchachas pobres, morenas, de cabello largo, delgadas, bonitas (como son todas las jóvenes), que por lo general sostenían a su familia al trabajar en maquiladoras, farmacias o tiendas de autoservicio.
Sergio también cita textualmente al corresponsal de La Jornada en Juárez: "La muerte de las mujeres en Ciudad Juárez -o feminicidio- se da en un marco de violencia en la región, que ha dejado más de mil 600 muertes de 1993 a la fecha, incluyendo 460 ejecuciones de narcotraficantes".
En la frontera entre México y Estados Unidos pocas heridas cicatrizan, al contrario, la mayoría se infecta y pudre el organismo. Allí, en zonas de contagio, bullen a la más alta temperatura el poder político, el narcotráfico, la violencia, la codicia. Se trata de una franja gangrenada. En ella se estancan rencorosos, desempleados frustrados, los aprendices de todo y oficiales de nada (México es un país de desempleados y, por lo tanto, de hambrientos). Juárez es una ciudad tomada por la chatarra, un inmenso cementerio de automóviles. Allí, entre la herrumbre de las salpicaderas, las cajuelas y las portezuelas, tratan de respirar los habitantes. Además del osario del que nos habla Sergio González Rodríguez, se acumula el de ese soberano imbécil que es el automóvil. Ahogados por hierros retorcidos y llantas ponchadas, los extraterrestres (o casi) que viven en esta franja de tierra cumplen con el precepto: "polvo eres y en polvo te convertirás". Un polvo gris, mortuorio, todo lo ensucia, los escasos árboles se cubren de polvo, los cadáveres de 300 muchachas se desintegran enterrados en el polvo, el espíritu de 500 desaparecidas se va perdiendo como ánima en pena convertido en polvo.
Ya en su libro Juárez, el laboratorio de nuestro futuro, el escritor estadunidense Charles Bowden nos hacía un retrato escalofriante de lo que es Ciudad Juárez, en la que muchos viven en lo más profundo de la miseria, terreno fértil para el crimen. Tan es así que en los últimos 10 años, cada 15 días ha sido asesinada una mujer.
El de Bowden es un volumen de fotografías tomadas por mexicanos que además de buenos fotógrafos tienen la ventaja de vivir en la frontera y, en muchos casos, de haber nacido en ella. Por lo tanto pisan terreno conocido y hablan de lo que saben. Por ejemplo, al entrar al área desértica llamada Lote Bravo, Jaime Bailleres captó el cadáver de una muchacha boca abajo cubierta por la arena. Sobresalían parte de sus piernas y sus pies metidos en sandalias blancas. Se trata de una de las primeras "muertas de Juárez", como Víctor Ronquillo tituló su libro. Muchas veces los cadáveres son descubiertos porque la carne en descomposición hiede, como le sucedió al albañil que encontró hace poco uno de los cadáveres.
Señorita extraviada, el ahora célebre documental de Lourdes Portillo, filmado en el año 2000, afectó a todos sus espectadores y reavivó la indignación en contra de este crimen múltiple. Le dio además proyección internacional. Con Huesos en el desierto, Sergio González Rodríguez viene a unirse a la campaña de apoyo a los familiares que se enfrentan a la indiferencia total del gobierno de Chihuahua desde hace 9 años, a lo largo de los cuales casi 300 mujeres han sido asesinadas.
Ciudad Juárez es una ciudad de maquilas. La mayoría de sus empleadas trabajan en colonias alejadas en las que no hay alumbrado y difícilmente encuentran transporte. Algunas mujeres acuden a las tres de la mañana, porque escogen el tercer turno. El primero es de siete de la mañana a tres de la tarde, el segundo de las tres y media a las doce y media o una de la mañana, y el tercero de las tres a la siete. Ese último es el de menos gente pero el de mejor paga. "Yo hacía arneses y sorteaba cupones y bobinas, unos como carretitos de hilo de los que metes a la máquina de coser. Hacía un triangulito y lo soldaba; eso es parte de un arnés para refrigerador", dice Celestina Gómez, a quien todos llaman Tina.



Ciudad Juárez, matadero de mujeres/ II (Elena Poniatowska)

(Publicado en La Jornada el 27 noviembre de 2002)
¿Por qué Sergio González Rodríguez escribió Huesos en el desierto? Por lo general los intelectuales no se aventuran a temas tan sórdidos. Sergio es un creador, un crítico literario, un escritor que opina sobre temas de alta cultura, como suele llamársele. Es un hombre que vive entre libros y se rodea de revistas y suplementos culturales. Su ámbito es la investigación y la biblioteca. ƑPor qué abandonó sus amados documentos para hurgar en la basura? ƑPor qué se lanzó, como apunta Christopher Domínguez, a un periodismo duro, a una geografía del peligro, por qué escogió un "ecosistema del mal"? ƑPor qué puso en riesgo su propia integridad?
Como cuenta González Rodríguez en su epílogo, sus razones para escribirlo fueron personales. Primero publicó reportajes para el periódico Reforma. Por ello lo asaltaron en un taxi el 15 de junio de 1999, lo golpearon, lo hirieron con un picahielos en las piernas y dos meses más tarde, al sentirse mal y darse cuenta de que se le trababa la lengua, terminó en el hospital, donde le diagnosticaron un hematoma en el cerebro, producto de los golpes del asalto. Tuvo que someterse a una peligrosa operación, desde luego mucho menos peligrosa que la violencia a la que lo habían expuesto los dos sujetos armados que lo atacaron porque Sergio inició una investigación a fondo sobre Ciudad Juárez y sus muertas.
Lejos de amedrentarlo, la violencia ejercida en su contra le dio razones aún más poderosas para inclinarse sobre la violencia que se ejerce contra los demás. Después de varios reportajes, uno al alimón con Rossana Fuentes, decidió adentrarse en la herida atroz, sanguinolenta, fresca y siempre renovada del asesinato en serie de las mujeres de Juárez. Así, como lo dice Christopher Domínguez, Sergio González Rodríguez se convirtió en un "escritor civilizatorio".
Las ciudades fronterizas de Tijuana y Ciudad Juárez, por ejemplo, están catalogadas como ciudades problema: alcoholismo, narcotráfico, prostitución. Juárez sería la segunda ciudad en la lista, pero debido a los asesinatos, alcanzó un espantoso primer lugar. Según Adriana Gandía, esa frontera iba a ser un ejemplo de desarrollo, habría trabajo para todos en las maquiladoras, aunque la mano de obra fuera barata, allá los mexicanos podrían tener una mejor vida. La situación en el campo era de enorme miseria y la rápida industrialización en Ciudad Juárez atrajo a mucha gente que decidió venir a trabajar en las maquilas por una paga mínima, pero segura, al menos. Juárez brindaba un mejor nivel de vida y quién quite y con suerte hasta podrían pasarse al otro lado. En los años 90, Juárez conoció un auge laboral y económico que la equiparó con la antesala del American way of life. Llegaron muchos mexicanos a esta ciudad fea (hoy todavía más fea gracias a los automóviles) y entre ellos llegó para quedarse, también en automóvil, el narcotráfico.
González Rodríguez informa en su libro Huesos en el desierto que en el caso de las mujeres asesinadas, la maquiladora, que en un momento trajo a Ciudad Juárez un gran desarrollo industrial y le dio de comer a muchas familias, se ha mantenido al margen de los crímenes. Sería muy útil para la justicia (si es que existe en Juárez) que los capataces y directivos dijeran quiénes eran sus empleadas muertas, quiénes sus amistades, qué fue lo que hicieron su último día de vida y sobre todo que la empresa instalara un alumbrado público en las colonias cercanas y presionara para obtener vigilancia y seguridad.
En las áreas más pobres no hay alumbrado, muchas de las obreras salen a las tres de la mañana, caminan por callejones oscuros y sin empedrar. No hay seguridad y como tampoco hay pavimento las patrullas no suben a esa zona, y por lo tanto es nula la vigilancia. Sin embargo, varias madres de familia han alegado que si por alguna razón iban a llegar tarde, las muchachas hablaban por teléfono y estaban pegadas a la familia. Aunque a Juárez lo han pintado como Sodoma y Gomorra, es una ciudad en la que los sectores campesinos más pobres guardan costumbres arraigadas, cumplen con fiestas y preceptos. La mayoría de las mujeres en Juárez trabaja; son ellas la fuerza que mueve la industria maquiladora, por lo tanto, resulta demasiado fácil tildarlas de prostitutas para así descalificarlas, disminuir el horror de su desaparición y nulificar las averiguaciones.
Como lo dice muy bien la actriz María Rojo: al solicitar mujeres para el trabajo, las maquiladoras invirtieron su papel y las convirtieron en el sustento del hogar. La mayoría de ellas, madres solteras, mantuvieron a sus hijos y, en muchas ocasiones, a sus padres.
El problema de las muertas de Juárez es de impunidad y de misoginia, como deja muy claro Sergio González Rodríguez. Mujeres de 14 y 15 años han sido encontradas muertas en Ciudad Juárez sin que el gobierno se preocupe por esos asesinatos convirtiéndolos en los más despiadados de México. Hace unos cuantos días se encontraron dos muchachas más en el desierto y el número ha aumentado a 300. El viernes 15 de noviembre desaparecieron otras dos muchachas y no sería raro que ahora mismo, mientras hablamos, desapareciera otra. Estas dos muchachas eran alumnas de secundaria y su padre Rafael Díaz Hernández aseguró que "nunca faltan a su casa". En el caso de las que trabajan en maquiladoras -muchas de ellas madres solteras- han desaparecido de 1993 hasta la fecha sin que una sola autoridad ponga el grito en el cielo, a pesar del dolor y la impotencia de sus familiares. La mayoría son estranguladas y muchas son violadas. Hemos visto fotografías aterradoras. El corresponsal de La Jornada en Ciudad Juárez, Rubén Villalpando Moreno, asentó el 4 de noviembre: "La mayor parte de los homicidios considerados en serie fueron cometidos con enorme brutalidad, ya que aparte de violarlas sexualmente por ambas vías, el o los homicidas les apretaban el cuello para estrangularlas, con lo que el violador sentía mayor placer porque ellas contraían de esta forma sus órganos genitales; además las mordieron y atacaron con cuchillos en pecho y abdomen en extraños ritos de muerte."
"Algunas tenían los senos cercenados; otras, como las ocho localizadas en el mismo sitio en 2001, tenían el pelo cortado en la base del cráneo; unas cuantas tenían cortado un triángulo en sus órganos genitales, lo que hace pensar en ritos satánicos".
¿Por qué no hay reacción? ¿Por qué siguen libres los victimarios de las mujeres?
En 1985, después del terremoto del 19 de septiembre, las últimas en ser rescatadas fueron las costureras de las fábricas de San Antonio Abad. ¿Por qué? Porque eran mujeres, trabajaban sin seguro social en talleres clandestinos y las consideraban igual que basura. Lo mismo sucede con las muertas de Juárez. Para variar quienes piden que se haga justicia son las indignadas madres de familia. ¿Qué puede sentir una madre al encontrar el cadáver de su hija desnucada, el seno derecho cercenado y el pezón izquierdo arrancado a mordidas? ¿Cuándo piensa el gobierno panista ponerle fin a esta barbarie?
¿Qué pensarían ustedes, señores y señoras, si además de que su hija desapareciera y amaneciera asesinada, mutilada, violada, las autoridades le dijeran que vivía una doble vida, que ella se lo buscó, que finalmente era una prostituta, y le demostraran paso por paso que no valía nada y que su muerte tampoco importa nada?
Nunca el manejo de la información en los medios ha sido tan cruel como en el caso de las muertas de Juárez. La actitud de las autoridades no sólo es de indiferencia, sino denigrante para las muertas y para las familias, como si las mujeres no fueran seres humanos. "Yo tengo un hijo y sentiría horrible que algo le pasara y sentiría más horrible aún que la gente viniera a decirme que mi hijo tenía 'doble vida' o que estaba 'mal de la cabeza', me dijo Rohry Benítez, quien ha destacado como gran defensora de las muertas. El gobernador de Chihuahua fue aún más lejos al declarar que las jóvenes "no iban precisamente a misa".



Ciudad Juárez, matadero de mujeres/ III (Elena Poniatowksa)

(Publicado en La Jornada el 28 noviembre de 2002)
Entre 1993 y 1998 fueron asesinadas 137 mujeres, y en 1999 las muertas fueron 15 muchachas de familia, que en promedio tenían 15, 16, 17 años. Muchas de ellas eran estudiantes, además de trabajar en maquiladoras, zapaterías, farmacias, o eran secretarias, edecanes, telefonistas, recepcionistas, etcétera. Ahora son 300 las mujeres asesinadas, y 500, desaparecidas. Lo único que las caracterizaba es que eran de escasos recursos, la mayoría del interior de la República, que buscaron en Ciudad Juárez un mejor nivel de vida.
Rohry Benítez (quien escribió un primer libro, con sus indignadas compañeras Adriana Gandía, Guadalupe de la Mora y Josefina Rodríguez) entró en contacto con los familiares, que habían conformado agrupaciones como Nuestras Hijas de Regreso a Casa, 8 de Marzo -entre otras-, una asociación de mujeres que presiona a las autoridades y a la policía desde 1995, cuya sede principal está en el Distrito Federal, pero tiene filiales en la frontera como Católicas por el Derecho a Decidir. Algunos miembros de estas ONG son padres de niñas de 10 años hoy desaparecidas. Uno de los últimos casos, en 1999, fue el de una niña de 13 años, violada y asesinada. Al hablar de ella, los periódicos de Ciudad Juárez escribieron: "la mujer". Dos semanas después el mismo diario difundió que un niño había sido asesinado por un médico negligente en el Seguro Social, y a él lo llamaron "el niño", pero a ella, por violada, la llamaron "la mujer".
El Diario y El Norte de Juárez, dos de los periódicos de Ciudad Juárez, confinaban el caso de las asesinadas y desaparecidas a la nota roja y a la publicación de fotografías muy agresivas, amarillistas, en primera plana. Ponían en la portada un tacón rojo, dando la imagen de que las mujeres eran prostitutas. En vez de sensibilizar a los lectores, los artículos reforzaban la creencia de que las mujeres son basura, llevan una "doble vida" y, por lo tanto, están expuestas a que las maten. El ex gobernador de Chihuahua Francisco Barrio jamás habló con respeto de las asesinadas ni rindió una sola cuenta a los atribulados familiares.
Las madres de familia han sido las más afectadas e indignadas, y se han encargado de replicar que sus hijas eran trabajadoras y que inclusive muchas de ellas estudiaban. Sin embargo, se les dijo que no, que aparte de estudiar o trabajar, sus hijas llevaban otra vida: la de la calle, y no les decían la verdad. Todo ello creó un clima espantoso en contra de las muertas. Con mucha dignidad las madres de familia respondieron: "Estamos conscientes de que algunas mujeres incluidas en la lista de asesinadas o desaparecidas trabajaban en bares, y tal vez se dedicaban a la prostitución, pero no tenían por qué ser victimadas como lo han sido".
A partir de 1995 el ex gobernador Francisco Barrio difundió la versión de "mala conducta" de las asesinadas, con el claro objetivo de decir: "las responsables son ellas, por llevar esa vida", y en vez de esclarecer los crímenes el gobierno gastó millones de pesos en publicar planas enteras denunciando la supuesta doble vida de las muertas. En lugar de dar curso a las investigaciones, el gobierno hizo campañas publicitarias sin ton ni son: "Súbete a tu carro rápidamente", "Trae las llaves de tu carro siempre a la mano", "Vomita encima del que intente violarte", "Lleva un silbato en la mano", "No te aventures en zonas solitarias", consejos insultantes, ya que las mujeres que trabajan en maquiladoras no tienen automóvil, ni llaves, ni posibilidades económicas, ni pueden defenderse arrojando un gas lacrimógeno a los ojos del agresor. El resultado de esas campañas fue aterrador. En las discusiones matrimoniales, el marido enojado solía amenazar: "Si no obedeces, te aviento en el desierto" o "Ya sabes lo que te espera: el desierto", y empezaron a circular unos llaveros acojinados de plástico rosa: pezones de mujer.
Es cierto, Ciudad Juárez tiene una vida nocturna (sórdida en muchos casos, y alimentada por cuarteles de soldados estadunidenses que vienen en busca de una buena parranda), hay tráfico de droga, night-clubs, bares, cantinas, prostíbulos, antros de perdición, hoteles de paso, etcétera.
Como lo informa Sergio González Rodríguez, las muchachas han sido encontradas en terrenos despoblados: estranguladas y algunas de ellas calcinadas. Rohry Benítez y sus compañeras documentaron, de 1993 a 1998, 137 casos de muchachas enterradas en el polvo, hoy un desierto cubierto de cruces.
Al igual que la película de Lourdes Portillo, Huesos en el desierto es esencial no sólo porque es un extraordinario, estrujante documento, sino porque rescata el modo de vida de algunas mujeres, que además de asesinadas han sido vilipendiadas. Murieron inútilmente, cuando tenían derecho a la vida y querían vivir y reían como las vemos reír y sonreír en fotografía y en el filme Señorita extraviada. En cambio, fueron torturadas de la manera más bestial por el solo hecho de ser mujeres sin recursos que luchaban por la vida. Mutiladas, violadas, acuchilladas, estranguladas. Hay huellas que prueban que las torturaron antes de matarlas. Algunas llevaban un diario, acostumbraban escribir lo que les pasaba, como en el dramático caso de Eréndira, de 15 años, quien dejó consignado en su escrito desde lo que le gustaba comer hasta lo que quería llegar a ser un día. De otras estamos enterados por la voz de sus madres o de sus hermanas, que recuerdan sus anhelos, su entereza. Una niña de 13 años denunció a El Tolteca, de la banda de Los Ruteros, quien la atacó sexualmente y la tiró en el desierto creyendo que la había estrangulado, pero ella sobrevivió y lo denunció.
Las películas de Lourdes Portillo y de Cristina Michaus se complementan hoy con la investigación de Sergio González Rodríguez. Estas dos películas reviven a las muertas de alguna manera y nos muestran a mujeres casi niñas que tenían una gran alegría de vivir y fueron importantes no sólo para su familia, sino para nosotros, para la sociedad.
"Las mujeres no valen nada, puede matarlas cualquiera", concluyen las autoridades, como corrobora el libro Huesos en el desierto. Como un kleenex, un vaso de plástico de usar y tirar, un plato desechable, la vida de 300 muchachas se ha ido por el caño. Estas jovencitas no eran basura: estudiaban, tenían esperanza, amigos, novio; una de ellas enseñaba catecismo, otra a reconocer las letras a parvulitos, y ahora que han muerto no se da ningún valor a lo que fueron cuando tenían vida. Al contrario, las autoridades parecen decir: "Se lo buscaron".
El 2 de noviembre, Día de Muertos, María Luisa Moncayo recordó en el Hemiciclo a Juárez a Digna Ochoa y a las mujeres de Juárez. Pidió que se hiciera justicia a las 500 desaparecidas y se indemnizara a los parientes de las 300 asesinadas, que en muchos casos mantenían a su familia. "El cinismo de las autoridades no tiene fin", "Ni una más", "Sadismo sexual", "320 asesinatos, 95 de ellos seriales", rezaban las pancartas.
Como dije al principio, los intelectuales, salvo escasas y honrosas excepciones, no suelen preocuparse, ni mucho menos tratar temas escabrosos. Los derechos humanos son prioridad de Amnistía Internacional y de otros organismos, no de individuos enmarcados por el bastidor de la literatura. Sólo José Revueltas se pasó la vida en la cárcel por defender a sus congéneres. Sergio González Rodríguez lo hizo por un imperativo moral y su libro Huesos en el desierto habla bien de él no sólo porque es un buen texto, sino porque nos muestra a un hombre para quien la condición humana tiene el valor que hizo de André Malraux un gran escritor y un ser humano excepcional.

“Recordando a las hermanas Mirabal” por Carolina García


(Publicado en El País el 12 de noviembre de 2012)

El 25 de noviembre de 1960, las hermanas Mirabal, activistas y opositoras al dictador Trujillo, eran asesinadas en República Dominicana. En el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe realizado en 1981 se decidió recordarlas cada 25 de noviembre, instaurando la fecha como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.
30 años después, el feminicidio sigue siendo un problema global que se da en todas las sociedades sin distinción, amparado por un sistema que establece relaciones de subordinación, explotando a las mujeres y tratándolas como seres inferiores. En el mundo mueren más mujeres entre 15 y 44 años víctimas de violencia que de cáncer o en accidente de tráfico. Sin embargo, todavía nos cuesta reconocer la gravedad del problema y muchas de las muertes, agresiones, acosos, etc permanecen en la impunidad. La violencia que ocurre “de puertas hacia dentro”, sigue normalizada por parte de la sociedad (aquí y en otros países), que la ve como algo que debe resolverse en privado.
Hoy, la igualdad de género y la lucha contra la violencia no está tan presente en las agendas de los gobiernos, que han reducido su apoyo a organismos internacionales y organizaciones y redes de mujeres. Las prioridades han cambiado, y la violencia contra las mujeres sólo lo es cuando se acerca el 25 de noviembre.  Al descenso de los recursos se une un potente resurgir de posturas conservadoras, machistas y patriarcales, que intentan frenar las libertades conquistadas y recuperar el control sobre los cuerpos, las decisiones y las vidas de las mujeres.
¿Decisión política o consecuencia de la crisis? La realidad es que se evaporan los compromisos con los derechos de las mujeres y se aplica la tijera en presupuestos para la prevención, la atención y el empoderamiento. Atrás quedan los tiempos de un verdadero compromiso ya que hace tan sólo dos años, la cooperación española era el segundo mayor donante mundial en este sector.
Durante ese periodo, la mayoría de los recursos (más de 190 millones de euros) se destinaron a América Latina. Esta apuesta, sumada al trabajo valiente de organizaciones feministas y de mujeres latinoamericanas, ha producido resultados muy positivos en la región andina: A finales de 2011 Perú introdujo expresamente el delito de feminicidio en su Código Penal. Un avance que ha tenido efecto espejo en otros países de la región, como Bolivia y Ecuador, donde el contexto político y social es favorable a la tipificación del feminicidio.
Tradicionalmente Europa se ha sentido orgullosa de exportar a otros países su modelo de derechos. Hoy los roles están cambiando, y mientras aquí se retrocede en derechos y libertades fundamentales, los avances legales en estos países se convierten en un ejemplo a seguir. 
Sin embargo, estos avances también están en riesgo. En el caso español, el recorte del 70% en cooperación y que los programas de género ya no sean prioritarios, pueden echar por tierra recursos y trabajo invertido, frenando los avances más positivos que se han dado en décadas. Además de la cuestión de la “eficacia” -de la que tanto nos gusta hablar en desarrollo- esto también puede tener consecuencias muy graves para miles de mujeres, allí y aquí, ya que este problema global requiere de un esfuerzo conjunto para afrontarlo.
Por todo eso es necesario continuar apoyando los esfuerzos y demandas de la  sociedad civil, porque el trabajo no acaba con la tipificación del feminicidio. Pero es un paso más, una batalla ganada que nos debe animar a seguir luchando, dentro y fuera de nuestras fronteras, por el cumplimiento de los derechos de las mujeres y logro del derecho a una vida libre de violencia.