domingo, 27 de marzo de 2011

"Un país que se desinfla" por José Delgado

ENDI.COM

(27 Marzo 2011)

La población de Puerto Rico disminuye a medida que aumenta la emigración, con el ingrediente adicional de que cada vez se van más profesionales mientras la población envejece

Por José A. Delgado / jdelgado@elnuevodia.com

WASHINGTON - El fenómeno de la emigración a Estados Unidos no sólo ha disminuido la población de Puerto Rico, por primera vez en la historia, sino que le hace perder buena parte de sus profesionales y proporcionalmente la envejece.

Los datos son particularmente inquietantes en momentos en que se calcula -en espera de la información más precisa que incluirá el Censo federal de 2010- que cerca de medio millón de personas pudieron haberse mudado de Puerto Rico a Estados Unidos durante la pasada década.

Por cada dos de los que se fueron, uno regresó a la Isla.

Algunos de los estimados indican que más de 496,000 residentes de la Isla se mudaron a Estados Unidos entre el año 2001 y el 2009, para un promedio de 55,000 cada año.

Las encuestas del Censo federal sostienen que sólo entre 2005 y 2009 unos 300,000 boricuas se mudaron a Estados Unidos. En ese mismo período otros 160,000 decidieron volver a su tierra.

En diciembre pasado, los primeros datos del Censo de 2010 revelaron que por vez primera la población de Puerto Rico - desde que el Gobierno federal cuenta el total de habitantes de la Isla -se redujo de una década a otra.

Hasta el verano de 2010, había en la Isla 3,725,789 habitantes, 82,821 menos que hace una década.

La disminución poblacional ha sido especialmente alta en la zona metropolitana norte, pues entre San Juan (39,048), Ponce (20,148), Bayamón (15,928), Carolina (9,314) y Guaynabo (2,129) perdieron poco más de 86,000 habitantes.

Todavía no se tienen los datos del Censo de 2010 en torno al total que sumaba la población boricua en Estados Unidos en el verano pasado, pero hasta 2009 las encuestas calculaban que ese número ya pudiera ascender a 4.2 millones.

“Esa brecha se va a seguir ampliando”, dijo el profesor Edwin Meléndez, director del Centro de Estudios Puertorriqueños en Hunter College, en Nueva York.

En 2009, los cálculos indicaban que la población de 65 años o más en Puerto Rico representaba el 13.3% de todos los habitantes de la Isla, casi 2% más que en el 2000.

A partir de 2005, la mayoría de los emigrantes son varones de entre 20 y 40 años, según Mario Marazzi, director del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, que recientemente publicó el estudio “El Perfil del Migrante: 2000-2009”.

Mientras más envejece proporcionalmente una población, advirtió Marazzi, menos productiva es. Para en un país que ya tiene una tasa de participación laboral muy baja (41%), el envejecimiento de su población constituye un reto adicional.

Según Meléndez, es evidente que los más jóvenes tienen una mayor tendencia a emigrar. Afirmó, además, que “las probabilidades de emigrar a los Estados Unidos son más altas para las mujeres con más educación formal y para los hombres menos educados si son empleados en ocupaciones de salarios bajos”.

Meléndez, sin embargo, no está convencido de que en los últimos haya ocurrido una fuga extraordinaria de cerebros.

De acuerdo con los datos del Censo, Meléndez sostiene que de 2005 a 2009 el 18% de los hombres y el 30% de las mujeres que se marcharon a Estados Unidos eran profesionales. Pero, los porcentajes están por debajo del total de hombres (22.6%) y mujeres profesionales (33.8%) en la Isla.

Marazzi mismo advirtió que los datos de 2005 a 2009 corresponden a una muestra de la información que se recopila de las encuestas que se realizan anualmente, en espera de la investigación más profunda que reflejará el Censo federal de 2010.

“Los estimados que se preparan tienen ya un error estándar relativamente alto”, advirtió Marazzi.

FLORIDA COMO PARAíSO

Las encuestas del Censo federal, a su vez, indican que la tendencia que comenzó en los 1990, lo que el investigador Jorge Duany ha descrito como “la puertorriqueñización del estado de Florida”, continuó durante la pasada década.

Los estudios más recientes confirman que la situación volvió a incrementar a partir de 2006, cuando se calcula que comenzó la recesión económica en Puerto Rico.

Pese a la cercanía entre Puerto Rico y Florida, en 1980 el estado floridano tenía sólo el 4.7% de la población boricua en Estados Unidos (94,775).

Al terminar 2009, el total se calculaba en cerca de 750,000, lo que representa alrededor del 18% de la población que en Estados Unidos se define como de origen puertorriqueño.

Después de Florida, en la última década el destino preferido de los migrantes han sido los estados de Pennsylvania, Nueva York y Nueva Jersey, según las encuestas del Censo federal.

Con un clima más tolerable que los centros de migración del noreste de Estados Unidos, el ‘boom’ en las oportunidades de empleo redirigió los planes de los boricuas hacia Florida.

“A partir de la creación de Disney World, y otros centros de trabajo importante, por ejemplo para ingenieros en la zona de Cabo Cañaveral y el desarrollo de toda una fuerte industria de entretenimiento y servicios”, Florida se convirtió en punto de preferencia, dijo Duany, profesor de la Universidad de Puerto Rico (UPR) y experto en los temas de migración.

La cercanía geográfica y el costo del viaje son otros factores de importancia que motivan al boricua a buscar nuevas oportunidades de empleo o iniciar otra etapa de su vida en Florida.

Y como ahora ocurre con el tránsito hacia estados en que se alcanzan temperaturas más cercanas a la realidad puertorriqueña, como California y Texas, Florida siempre ha tenido también el clima a su favor.

Wilfredo Seda, portavoz de la organización National Congress for Puerto Rican Rights en Orlando (Florida), los boricuas que llegan a esa zona “te dicen que vinieron buscando oportunidades de empleo o poder superarse en su carrera”.

“Algunos mencionan el alto nivel de la criminalidad (en Puerto Rico) como otro factor que influyó en su decisión” de dejar la Isla, dijo Seda, quien considera, sin embargo, que la recesión económica que ha vivido Estados Unidos ha hecho que un grupo de inmigrantes boricuas sufran en la Florida central la misma falta de oportunidades de trabajo a que se enfrentaron en la Isla.

California y Texas son considerados entre los nuevos destinos para los puertorriqueños. En 2009, por ejemplo, más de 5,000 boricuas se mudaron a Texas, el quinto estado que recibió más población de la Isla en ese año.

“No es coincidencia que los índices económicos de California y Texas son también de los mejores”, sostuvo Duany.

Entre 2001 a 2008, según los datos del Censo federal, otra zona favorecida por los boricuas fue el condado de Hampten, en Massachusetts, que incluye a la localidad de Springfield.

Aunque los puertorriqueños han tenido por décadas una notable presencia en la zona de Boston, Springfield es un municipio que también está cerca de Connecticut, otro de los estados con una alta tasa de habitantes de origen boricua.

Mientras los boricuas opten por relocalizarse en lugares no tradicionales, donde no tienen familiares o una comunidad de apoyo, surgirán las dificultades de adaptación que la comunidad puertorriqueña experimentó originalmente en Nueva York, según el profesor Meléndez.

Para algunos de ellos, las complicaciones del proceso de enfrentarse a nueva realidad en Estados Unidos pueden incluir desde la falta de representación política hasta la ausencia de servicios básicos en español para los que no dominan el idioma inglés, según los expertos.

¿Y LOS QUE REGRESAN?

Por otro lado, la percepción es que el factor cultural y el sentido de pertenencia influyen en gran medida en la decisión de los boricuas de regresar a su Isla.

“En términos económicos el retorno no suele ser atractivo, por los salarios más bajos que hay en Puerto Rico. Pero, el frío, la discriminación en Estados Unidos, los lazos familiares hacen a muchos retornar”, dijo Duany.

Contrario a lo que puede ser la percepción general, no se trata mayormente de personas que después de terminar su carrera laboral deciden ir a jubilarse a su patria.

Marazzi, en ese sentido, indicó que el perfil del que vuelve a la Isla está mayormente integrado por “varones entre los 20 y 40 años”, que es el grupo poblacional que más participa de la guagua aérea entre Puerto Rico y Estados Unidos.

A su vez, según Marazzi, suelen ser principalmente solteros, sin haber completado un bachillerato universitario, “con ingresos personales menores a $10,000” y procedentes de las comunidades boricuas más fuetes, que suelen estar “en el sur y el noreste de los Estados Unidos”.

sábado, 5 de febrero de 2011

"CARTA A UN DESTERRADO" por Claribel Alegría

Mi querido Odiseo:
Ya no es posible más
esposo mío
que el tiempo pase y vuele
y no te cuente yo
de mi vida en Itaca.
Hace ya muchos años
que te fuiste
tu ausencia nos pesó
a tu hijo
y a mí.
Empezaron a cercarme
pretendientes
eran tantos
tan tenaces sus requiebros
que apiadándose un dios
de mi congoja
me aconsejó tejer
una tela sutil
interminable
que te sirviera a ti
como sudario.
Si llegaba a concluirla
tendría yo sin mora
que elegir un esposo.
Me cautivó la idea
que al levantarse el sol
me ponía a tejer
y destejía por la noche.
Así pasé tres años
pero ahora, Odiseo,
mi corazón suspira por un joven
tan bello como tú cuando eras mozo
tan hábil con el arco
y con la lanza.
Nuestra casa está en ruinas
y necesito un hombre
que la sepa regir
Telémaco es un niño todavía
y tu padre un anciano
preferible, Odiseo
que no vuelvas
los hombres son más débiles
no soportan la afrenta.
De mi amor hacia ti
no queda ni un rescoldo
Telémaco está bien
ni siquiera pregunta por su padre
es mejor para ti
que te demos por muerto.
Sé por los forasteros
de Calipso
y de Circe
aprovecha Odiseo
si eliges a Calipso
recuperarás la juventud
si es Circe la elegida
serás entre sus chanchos
el supremo.
Espero que esta carta
no te ofenda
no invoques a los dioses
será en vano
recuerda a Menelao
con Helena
por esa guerra loca
han perdido la vida
nuestros mejores hombres
y estás tú donde estas.
No vuelvas, Odiseo
te suplico.

miércoles, 2 de febrero de 2011

La honda de David ( A.Monterroso)

Había una vez un niño llamado David N., cuya puntería y habilidad en el manejo de la resortera despertaba tanta envidia y admiración en sus amigos de la vecindad y de la escuela, que veían en él -y así lo comentaban entre ellos cuando sus padres no podían escucharlos- un nuevo David.

Pasó el tiempo

Cansado del tedioso tiro al blanco que practicaba disparando sus guijarros contra latas vacías o pedazos de botella, David descubrió que era mucho más divertido ejercer contra los pájaros la habilidad con que Dios lo había dotado, de modo que de ahí en adelante la emprendió con todos los que se ponían a su alcance, en especial contra Pardillos, Alondras, Ruiseñores y Jilgueros, cuyos cuerpecitos sangrantes caían suavemente sobre la hierba, con el corazón agitado aún por el susto y la violencia de la pedrada.

David corría jubiloso hacia ellos y los enterraba cristianamente.

Cuando los padres de David se enteraron de esta costumbre de su buen hijo se alarmaron mucho, le dijeron que qué era aquello, y afearon su conducta en términos tan ásperos y convincentes que, con lágrimas en los ojos, él reconoció su culpa, se arrepintió sincero y durante mucho tiempo se aplicó a disparar exclusivamente sobre los otros niños.

Dedicado años después a la milicia, en la Segunda Guerra Mundial David fue ascendido a general y condecorado con las cruces más altas por matar él solo a treinta y seis hombres, y más tarde degradado y fusilado por dejar escapar con vida una Paloma mensajera del enemigo.

FIN

domingo, 23 de enero de 2011

“Identidades de género. Múltiples nombres en lucha por la diferencia”

Por Karina Maestrojuan

Travestis, transexuales, transgénero, lesbianas, gays, bisexuales, intersexuales. Cada una de estas categorías designa una forma propia, modos de ser y estar en el mundo.

Es importante conocer y respetar las elecciones que cada quien hace, basadas en la libertad y la democracia. Para delinear la recuperación y el respeto por la diferencia -sin dejar de lado los puntos de encuentro- la propuesta es hacer un breve recorrido por las diversas identidades de género. ¿Qué se entiende por cada uno de estos cuerpos simbólicos?

La noción de género

La palabra género tiene muchos sentidos posibles: puede referir a géneros literarios o discursivos, hablar de un “tipo o especie” o indicar una referencia gramatical para distinguir entre lo masculino y lo femenino.

La idea es problematizar y pensar al concepto de género como algo relacional. En primer lugar, cabe pensar la relación entre los sexos y la diferencia que implica haber nacido varón o mujer, desde el punto de vista biológico.

En segundo lugar, se puede pensar en la construcción cultural que hace que exista esa diferencia y que le otorgue determinados atributos a uno y otro sexo.

A esta construcción cultural, la llamaremos género. Ella, hace que exista una distinción entre actividades, espacios y consumos ligados a lo femenino y otros diferentes y exclusivos que refieren a lo masculino.

Estas construcciones deben analizarse para aprehender que ninguna actividad, espacio o consumo es excluyente para ninguno de los géneros y que todos pueden realizar las tareas que otros realizan. La educación que comparte la sociedad está inmersa en construcciones de sentido común, que discriminan e indican los caminos deseables o esperables que se deben tomar de acuerdo con el dato biológico-sexual con el que se nace.

Nombrarse o ser nombrado gay como tal se refiere a personas atraídas sexual o amorosamente, por gente de su mismo sexo. Son homosexuales, especialmente varones, aunque muchas veces, también se asigna así a las mujeres en igual elección.

Ser gay: A fines de la década del ´60, el Movimiento de Liberación Gay inauguró su ideología política de visibilidad con el lema “out of the closet and into the streets” -salir del armario y volcarse a las calles-.

Esta lucha logró que la homosexualidad ya no fuera considerada una enfermedad por la Organización Mundial de la Salud en el año 1974.

Ser lesbiana: El termino lesbiana es adoptado por las mujeres homosexuales como signo de género, identidad y diferencia sexual. Muchas mujeres lo prefieren a “gays” para diferenciarse de los varones homosexuales.Entonces, las lesbianas son aquellas mujeres que tienen una atracción sexual por gente de su mismo sexo.

Ser travesti: Travestis son las personas que usan ropa y/o maquillaje del sexo opuesto con el fin de expresar su propia identidad.Puede tratarse tanto de mujeres que visten como hombres como de hombres que visten como mujeres.Su orientación sexual puede ser hetero u homosexual, pero no reniegan de sus genitales.

Ser transexual: La palabra transexual se refiere a personas que sienten que nacieron con el sexo equivocado, ya sean pre operados/das (“trans” deviene de “tránsito”, “haciendo camino”), pos operados/as (aquellas/os que llevaron adelante su demanda del derecho a modificar su cuerpo a su voluntad) o no operados/as.

Los transexuales, entonces, pueden ser personas que se sienten del otro sexo y adoptan sus atuendos y comportamientos -sin necesariamente haber pasado por la operación de cambio de sexo- en busca de una identidad acorde con sus sentimientos y deseos y/o personas que mediante tratamiento hormonal e intervención quirúrgica adquieren los caracteres sexuales del sexo opuesto.

Ser bisexual: El término bisexual hace referencia a personas que alternan las prácticas homosexuales con las heterosexuales y no sienten rechazo por sus genitales.

Ser intersexual: Los conocidos como intersexuales son personas que poseen, en grados variables, caracteres sexuales de ambos sexos (hombre y mujer), por lo cual los recién nacidos muestran una ambigüedad genital.

En el pasado se los llamó “hermafroditas”.La lucha política de los intersexuales es criticar la práctica médica de aplicar cirugía “correctiva” ( cuyas consecuencias pueden ser problemáticas o riesgosas) inmediata a los niños recién nacidos con genitales ambiguos. Fomentan procesos centralizados en el tratamiento psicológico para los pacientes, sus familiares y personas más cercanas. El movimiento político de los intersexuales reivindica el derecho a elegir la propia identidad y el propio cuerpo.

Ser transgénero: Transgénero es un término que agrupa a aquellas personas cuya expresión o identidad de género difiere de las expectativas convencionales del sexo físico (travestis, transexuales, intersexuales).

Construcciones sociales

La noción de género postula la construcción social que implica el ser heterosexual, homosexual o transgénero. Sólo visualizando esta construcción es posible preguntarse porqué determinadas "opciones" de identidad sexual son más estigmatizadas que otras, cuál establece la "normativa oficial" y qué tipo de relaciones se tejen entre aquellas y aquellos que están fuera de la sexualidad hegemónica.

" 365 días" Por Amárilis Pagán Jiménez

Hombre, blanco, norteamericano, heterosexual, rico. ¿Qué día del año se conmemoran las luchas, logros y reivindicaciones de derechos de este grupo? No hacen falta días conmemorativos o marchas de concienciación para redimir los derechos de quienes están ya, por puro azar genético o socio-político en la cima del mundo. Sin embargo, sí tenemos que conmemorar, a veces con mucho dolor y con mucho esfuerzo, el día de las mujeres trabajadoras, el día de la abolición de la esclavitud, el día de los trabajadores y hasta el día de orgullo gay. ¿Qué tienen en común todas esas conmemoraciones y manifestaciones? Tienen en común el hecho de que existen por la necesidad de estas minorías de reafirmar su existencia y su derecho a vivir una vida justa, de equidad y de paz.

Pero, ¿son minorías realmente las mujeres, los negros, los trabajadores y los homosexuales? Sólo lo son en términos de apreciación pública, en términos del reconocimiento que el resto de la sociedad otorga a sus existencias, a su capacidad de desarrollo y a sus derechos humanos. Se les considera minorías porque se salen de la reglita del “hombre, blanco, norteamericano, heterosexual y rico”. Sin embargo, hay que decir alto y claro que en este país latinoamericano, mulato y tercermundista casi el 100% de la población cualifica para estar clasificada en al menos en una de estas minorías…
De todas ellas, y de otras minorías que no estoy mencionando en esta columna, la que es más atacada, más estigmatizada y aún más odiada, es de la de los homosexuales y todo el resto de la comunidad lésbica, bisexual y transexual. Irónicamente, si se pertenece a este sector de nuestra sociedad de nada vale tener los demás santos y señas de la mayoría blanca ya mencionada.

Cada mes de junio en Puerto Rico se celebra la parada “Orgullo gay”. Ese día, como siempre, la prensa cubrirá la manifestación, entrevistará marchantes y espectadores y comentará cómo ese día en específico, nuestras avenidas se ven inundadas de personas de diversas orientaciones sexuales. Esa misma prensa comentará cómo se abrazan y besan, se toman de la mano para marchar y cómo tratan de que el país entienda que el amor nunca es malo y que los seres humanos tienen la capacidad infinita de crear un mundo de justicia para todas y todos. Ese día, muchos y muchas marchantes de la comunidad LGBT llegarán a sus casas y se preguntarán, como se preguntarán muchos otros que no marcharon, por qué no pueden abrazar y besar a sus parejas en público el resto de los 365 días del año. Se mirarán en el espejo y se dirán con asombro que realmente no se sienten criminales ni seres que ameriten permanecer escondidos de la luz del dios en el que cada cual cree. Mirarán con amor a su compañera o compañero y no podrán evitar sentir una mezcla de desasosiego y de coraje ante la certeza de que en el estado actual de nuestras leyes no existe la posibilidad de vivir su amor desde una unión legal que les garantice la protección de la cual gozan las parejas casadas de heterosexuales.

Un día, de los 365 que tiene el año, no es suficiente para quienes son seres humanos todos los días y no sólo uno. Un día para vivir el amor en libertad no es suficiente para quien ama y vive desde ese amor cada momento de su vida y cada uno de sus actos. Para ser libres, respetados y respetadas, validados como seres humanos y humanas no hay limitación que se justifique y que pueda avasallar la ingente capacidad evolutiva de nuestra raza humana. La justicia y la equidad nos esperan al final del camino. La marcha es para los 365 días del año y uno más

¿Todo cuento es un cuento chino? Por Gabriel García Márquez

Escribir una novela es pegar ladrillos. Escribir un cuento es vaciar en concreto. No sé de quién es esa frase certera. La he escuchado y repetido desde hace tanto tiempo sin que nadie la reclame, que a lo mejor termino creyendo que es mía. Hay otra comparación que es pariente pobre de la anterior: el cuento es una flecha en el centro del blanco y la novela es cazar conejos. En todo caso esta pregunta del lector ofrece una buena ocasión para dar vueltas una vez más, como siempre, sobre las diferencias de dos géneros literarios distintos y sin embargo confundibles. Una razón de eso puede ser el despiste de atribuirle las diferencias a la longitud del texto, con distinciones de géneros entre cuento corto y cuento largo. La diferencia es válida entre un cuento y otro, pero no entre cuento y novela.

El cuento más corto que conozco es del guatemalteco Augusto Monterroso, reciente premio Príncipe de Asturias. Dice así: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".

Nada más. Hay otro de Las Mil y una Noches, cuyo texto no tengo a la mano, y que me produce retortijones de envidia. Es el cuento de un pescador que le pide prestado un plomo para su red a la mujer de otro pescador, con la promesa de regalarle a cambio el primer pescado que saque, y cuando ella lo recibe y lo abre para freírlo le encuentra en el estómago un diamante del tamaño de una almendra.

Más que el cuento mismo alucinante por su sencillez, éste me interesa ahora porque plantea otro de los misterios del género: si la que presta el plomo no fuera una mujer sino otro hombre, el cuento perdería su encanto: no existiría. ¿Por qué? ¡Quién sabe! Un misterio más de un género misterioso por excelencia.

Las Novelas Ejemplares de Cervantes son de veras ejemplares, pero algunas no son novelas. En cambio Joseph Conrad escribió Los Duelistas, un cuento también ejemplar con más de ciento veinte páginas, que suele confundirse con una novela por su longitud. El director Ridley Scott lo convirtió en una película excelente sin alterar su identidad de cuento. Lo tonto a estas alturas sería preguntarnos si a Conrad le habría importado un pito que lo confundieran.

La intensidad y la unidad interna son esenciales en un cuento y no tanto en la novela, que por fortuna tiene otros recursos para convencer. Por lo mismo, cuando uno acaba de leer un cuento puede imaginarse lo que se le ocurra del antes y el después, y todo eso seguirá siendo parte de la materia y la magia de lo que leyó. La novela, en cambio, debe llevar todo dentro. Podría decirse, sin tirar la toalla, que la diferencia en última instancia podría ser tan subjetiva como tantas bellezas de la vida real.

Buenos ejemplos de cuentos compactos e intensos son dos joyas del género: La Pata de Mono, de W.W. Jacobs, y El Hombre en la Calle, de Georges Simenon. El cuento policiaco, en su mundo aparte, sobrevive sin ser invitado porque la mayoría de sus adictos se interesan más en la trama que en el misterio. Salvo en el muy antiguo y nunca superado Edipo Rey, de Sófocles, un drama griego que tiene la unidad y la tensión de un cuento, en el cual el detective descubre que él mismo es el asesino de su padre.

El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. Tal vez lo inventó sin saberlo el primer hombre de las cavernas que salió a cazar una tarde y no regresó hasta el día siguiente con la excusa de haber librado un combate a muerte con una fiera enloquecida por el hambre. En cambio, lo que hizo su mujer cuando se dio cuenta de que el heroísmo de su hombre no era más que un cuento chino pudo ser la primera y quizás la novela más larga del siglo de piedra.

No sé qué decir sobre la suposición de que el cuento sea una pausa de refresco entre dos novelas, pero podría ser una especulación teórica que nada tiene que ver con mis experiencias de escritor. Tanteando en las tinieblas me atrevería a pensar que no son pocos los escritores que han intentado los dos géneros al mismo tiempo y no muchas veces con la misma fortuna en ambos. Es el caso de William Somerset Maugham, cuyas obras -como las de Hemingway- son más conocidas por el cine. Entre sus cuentos numerosos no se puede olvidar P&O -siglas de la compañía de navegación Pacific and Orient- que es el drama terrible y patético de un rico colono inglés que muere de un hipo implacable en mitad del océano Índico.

(...)

Sobre la otra suposición de que el cuento puede ser un género de práctica para emprender una novela, confieso que lo hice y no me fue mal para aprender a escribir El Otoño del Patriarca. Tenía la mente atascada en la fórmula tradicional de Cien Años de Soledad, en la que había trabajado sin levantar cabeza durante dos años. Todo lo que trataba de escribir me salía igual y no lograba evolucionar para un libro distinto. Sin embargo, el mundo del dictador eterno, resuelto y escrito con el estilo juicioso de los libros anteriores, habrían sido no menos de dos mil páginas de rollos indigestos e inútiles. Así que decidí buscar a cualquier riesgo una prosa comprimida que me sacara de la trampa académica para invitar al lector a una aventura nueva.

Creí haber encontrado la solución a través de una serie de apuntes e ideas de cuentos aplazados, que sometí sin el menor pudor a toda clase de arbitrariedades formales hasta encontrar la que buscaba para el nuevo libro. Son cuentos experimentales que trabajé más de un año y se publicaron después con vida propia en el libro de La Cándida Eréndira: Blacamán el bueno vendedor de milagros, El último viaje del buque fantasma, que es una sola frase sin más puntuación que las mínimas comas para respirar, y otros que no pasaron el examen y duermen el sueño de los justos en el cajón de la basura. Así encontré el embrión de El Otoño, que es una ensalada rusa de experimentos copiados de otros escritores malos o buenos del siglo pasado. Frases que habrían exigido decenas de páginas están resueltas en dos o tres para decir lo mismo, saltando matones, mediante la violación consciente de los códigos parsimoniosos y la gramática dictatorial de las academias.

El libro, de salida, fue un desastre comercial. Muchos lectores fieles de Cien Años se sintieron defraudados y pretendían que el librero les devolviera la plata. Para colmo de peras en el olmo la edición española se desbarataba en las manos por un defecto de fábrica, y un amigo me consoló con un buen chiste: "Leí el otoño hoja por hoja". Muchos persistieron en la lectura, otros la lograron a medias y con el tiempo quedaron suficientes cautivos para que no me diera pena seguir en el oficio. Hoy es mi libro más escudriñado en universidades de diversos países, y las nuevas generaciones pueden leerlo como si fuera el crepúsculo de un Tarzán de doscientos años. Si alguien protesta y lo tira por la ventana es porque no le gusta pero no porque no lo entienda. Y a veces, por fortuna, no ha faltado alguien que lo recoja del suelo.

"El analfabetismo funcional" por Arturo Uslar Pietri

Hace poco, las autoridades educacionales de los Estados Unidos lanzaron una increíble

e importante noticia sobre la que no se puede pasar a la ligera y que tiene mucha

significación para el porvenir de nuestra civilización. La insólita noticia informaba

escuetamente que la mitad de la población de Estados Unidos, estaba compuesta

de analfabetos funcionales. Un analfabeto funcional es un ser que ha recibido en la

escuela la enseñanza normal de la lectura y la escritura pero que en su vida ordinaria

la usa muy poco, la maneja insuficiente y torpemente y no depende de ella para lo

esencial de su información y comunicación. Prácticamente no lee libros, es poco y

limitado su acceso a los periódicos, y experimenta dificultades insalvables para poner por

escrito un pensamiento o un concepto. Los hombres de la ilustración creían firmemente

que la enseñanza de la lectura y la escritura era el instrumento fundamental para lograr la

transformación de la sociedad.

Danton afirmaba que, después del pan, la instrucción era la primera necesidad del pueblo.

Esta concepción ha estado en la base misma de todos los programas de progreso y

transformación social que el mundo ha conocido en los dos últimos siglos.

Leer y escribir son dos operaciones mentales extraordinariamente complejas y difíciles

en su esencia, mucho más allá de los simples mecanismos que la escuela enseña.

Nombrar, como decía Wibbgenstein, es nada menos que la tentativa de poner en términos

lingüísticos un universo no-lingüístico. Cada nombre es el símbolo más o menos

caprichoso que le ponemos a una cosa o una acción, de las que nunca llegamos a tener

una noción cabal. Escribir es traducir a esos símbolos los complejos mecanismos

mentales del conocimiento, y leer es tratar de regresar de aquellos símbolos al

conocimiento que los inspiró.

No hay operación más compleja y atrevida en todos los intrincados mecanismos del

conocimiento humano. De esto, precisamente, han tenido angustiosa noción los

grandes poetas creadores. "¿Que hay en un nombre?", se preguntaba Shakespeare,

en la tentativa desesperada de comprender. Y, mucho más tarde, otro gran poeta,

Rimbaud, llegó a decir con rabia y desesperación: si los débiles de mente se pusieran

a reflexionar sobre la letra A, podrían volverse locos.

Lo que está en juego en el fondo de todo esto es el destino de la escritura y la lectura

en una civilización fundamental y crecientemente visual y auditivo como la nuestra.

La inmensa y proliferante red de los medios de comunicación audiovisuales,

particularmente la radio y la televisión, produce una verdadera inundación de mensajes

visibles y audibles que cubre y penetra no solamente todas las formas de la vida social,

sino la mente de cada uno de los individuos.

Hasta hace apenas un siglo, fuera de la palabra viva en la conversación directa, no había

otro medio de comunicación que el de la escritura. Era por medio de ella que se podía

acceder a la información en todos sus niveles, desde los sucesos cercanos y lejanos hasta

la ciencia. El inmenso crecimiento de los medios audiovisuales ha cambiado y sigue

cambiando velozmente esta situación.

No desaparecerá la escritura, la ciencia continuara transmitiéndose por escrito

en los libros y en las revistas especializadas para un público restringido. El perfil de

los lectores de periódicos reveló que la inmensa mayoría de ellos se interesa sólo

por los sucesos, los deportes, los escándalos, y, de manera muy marginal, por la

reflexión seria y discusión de ideas.

Tal vez nos estemos acercando a un tiempo en el que van a coexistir, con creciente

incomunicación entre ellos, los medios audiovisuales con los escritos, y los destinados

fundamentalmente a fines distintos con los de los libros y textos de la ciencia y la

creación. Podría ser, en cierta forma, el regreso a una nueva Edad Media y una vuelta de

los bárbaro