miércoles, 16 de octubre de 2013

La muñeca menor (Rosario Ferré)


La tía vieja había sacado desde muy temprano el sillón al balcón que daba al cañaveral como hacía siempre que se despertaba con ganas de hacer una muñeca. De joven se bañaba menudo en el río, pero un día en que la lluvia había recrecido la corriente en cola de dragón había sentido en el tuétano de los huesos una mullida sensación de nieve. La cabeza metida en el reverbero negro de las rocas, había creído escuchar, revolcados con el sonido del agua, los estallidos del salitre sobre la playa y pensó que sus cabellos habían llegado por fin a desembocar en el mar. En ese preciso momento sintió una mordida terrible en la pantorrilla. La sacaron del agua gritando y se la llevaron a la casa en parihuelas retorciéndose de dolor.
El médico que la examinó aseguró que no era nada, probablemente había sido mordida por una chágara viciosa. Sin embargo pasaron los días y la llaga no cerraba. Al cabo de un mes el médico había llegado a la conclusión de que la chágara se había introducido dentro de la carne blanda de la pantorrilla, donde había evidentemente comenzado a engordar. Indicó que le aplicaran un sinapismo para que el calor la obligara a salir. La tía estuvo una semana con la pierna rígida, cubierta de mostaza desde el tobillo hasta el muslo, pero al finalizar el tratamiento se descubrió que la llaga se había abultado aún más, recubriéndose de una substancia pétrea y limosa que era imposible tratar de remover sin que peligrara toda la pierna. Entonces se resignó a vivir para siempre con la chágara enroscada dentro de la gruta de su pantorrilla.
Había sido muy hermosa, pero la chágara que escondía bajo los largos pliegues de gasa de sus faldas la había despojado de toda vanidad. Se había encerrado en la casa rehusando a todos sus pretendientes. Al principio se había dedicado a la crianza de las hijas de su hermana, arrastrando por toda la casa la pierna monstruosa con bastante agilidad. Por aquella época la familia vivía rodeada de un pasado que dejaba desintegrar a su alrededor con la misma impasible musicalidad con que la lámpara de cristal del comedor se desgranaba a pedazos sobre el mantel raído de la mesa. Las niñas adoraban a la tía. Ella las peinaba, las bañaba y les daba de comer. Cuando les leía cuentos se sentaban a su alrededor y levantaban con disimulo el volante almidonado de su falda para oler el perfume de guanábana madura que supuraba la pierna en estado de quietud.
Cuando las niñas fueron creciendo la tía se dedicó a hacerles muñecas para jugar. Al principio eran sólo muñecas comunes, con carne de guata de higüera y ojos de botones perdidos. Pero con el pasar del tiempo fue refinando su arte hasta ganarse el respeto y la reverencia de toda la familia. El nacimiento de una muñeca era siempre motivo de regocijo sagrado, lo cual explicaba el que jamás se les hubiese ocurrido vender una de ellas, ni siquiera cuando las niñas eran ya grandes y la familia comenzaba a pasar necesidad. La tía había ido agrandando el tamaño de las muñecas de manera que correspondieran a la estatura y a las medidas de cada una de las niñas. Como eran nueve y la tía hacía una muñeca de cada niña por año, hubo que separar una pieza de la casa para que la habitasen exclusivamente las muñecas. Cuando la mayor cumplió diez y ocho años había ciento veintiséis muñecas de todas las edades en la habitación. Al abrir la puerta, daba la sensación de entrar en un palomar, o en el cuarto de muñecas del palacio de las tzarinas, o en un almacén donde alguien había puesto a madurar una larga hilera de hojas de tabaco. Sin embargo, la tía no entraba en la habitación por ninguno de estos placeres, sino que echaba el pestillo a la puerta e iba levantando amorosamente cada una de las muñecas canturreándoles mientras las mecía: Así eras cuando tenías un año, así cuando tenías dos, así cuando tenías tres, reviviendo la vida de cada una de ellas por la dimensión del hueco que le dejaban entre los brazos.
El día que la mayor de las niñas cumplió diez años, la tía se sentó en el sillón frente al cañaveral y no se volvió a levantar jamás. Se balconeaba días enteros observando los cambios de agua de las cañas y sólo salía de su sopor cuando la venía a visitar el doctor o cuando se despertaba con ganas de hacer una muñeca. Comenzaba entonces a clamar para que todos los habitantes de la casa viniesen a ayudarla. Podía verse ese día a los peones de la hacienda haciendo constantes relevos al pueblo como alegres mensajeros incas, a comprar cera, a comprar barro de porcelana, encajes, agujas, carretes de hilos de todos los colores. Mientras se llevaban a cabo estas diligencias, la tía llamaba a su habitación a la niña con la que había soñado esa noche y le tomaba las medidas. Luego le hacía una mascarilla de cera que cubría de yeso por ambos lados como una cara viva dentro de dos caras muertas; luego hacía salir un hilillo rubio interminable por un hoyito en la barbilla. La porcelana de las manos era siempre translúcida; tenía un ligero tinte marfileño que contrastaba con la blancura granulada de las caras de biscuit. Para hacer el cuerpo, la tía enviaba al jardín por veinte higüeras relucientes. Las cogía con una mano y con un movimiento experto de la cuchilla las iba rebanando una a una en cráneos relucientes de cuero verde. Luego las inclinaba en hilera contra la pared del balcón, para que el sol y el aire secaran los cerebros algodonosos de guano gris. Al cabo de algunos días raspaba el contenido con una cuchara y lo iba introduciendo con infinita paciencia por la boca de la muñeca.
Lo único que la tía transigía en utilizar en la creación de las muñecas sin que estuviese hecho por ella, eran las bolas de los ojos. Se los enviaban por correo desde Europa en todos los colores, pero la tía los consideraba inservibles hasta no haberlos dejado sumergidos durante un número de días en el fondo de la quebrada para que aprendiesen a reconocer el más leve movimiento de las antenas de las chágaras. Sólo entonces los lavaba con agua de amoniaco y los guardaba, relucientes como gemas, colocados sobre camas de algodón, en el fondo de una lata de galletas holandesas. El vestido de las muñecas no variaba nunca, a pesar de que las niñas iban creciendo. Vestía siempre a las más pequeñas de tira bordada y a las mayores de broderí, colocando en la cabeza de cada una el mismo lazo abullonado y trémulo de pecho de paloma.
Las niñas empezaron a casarse y a abandonar la casa. El día de la boda la tía les regalaba a cada una la última muñeca dándoles un beso en la frente y diciéndoles con una sonrisa: “Aquí tienes tu Pascua de Resurrección.” A los novios los tranquilizaba asegurándoles que la muñeca era sólo una decoración sentimental que solía colocarse sentada, en las casas de antes, sobre la cola del piano. Desde lo alto del balcón la tía observaba a las niñas bajar por última vez las escaleras de la casa sosteniendo en una mano la modesta maleta a cuadros de cartón y pasando el otro brazo alrededor de la cintura de aquella exuberante muñeca hecha a su imagen y semejanza, calzada con zapatillas de ante, faldas de bordados nevados y pantaletas de valenciennes. Las manos y la cara de estas muñecas, sin embargo, se notaban menos transparentes, tenían la consistencia de la leche cortada. Esta diferencia encubría otra más sutil: la muñeca de boda no estaba jamás rellena de guata, sino de miel.
Ya se habían casado todas las niñas y en la casa quedaba sólo la más joven cuando el doctor hizo a la tía la visita mensual acompañado de su hijo que acababa de regresar de sus estudios de medicina en el norte. El joven levantó el volante de la falda almidonada y se quedó mirando aquella inmensa vejiga abotagada que manaba una esperma perfumada por la punta de sus escamas verdes. Sacó su estetoscopio y la auscultó, cuidadosamente. La tía pensó que auscultaba la respiración de la chágara para verificar si todavía estaba viva, y cogiéndole la mano con cariño se la puso sobre un lugar determinado para que palpara el movimiento constante de las antenas. El joven dejó caer la falda y miró fijamente al padre. Usted hubiese podido haber curado esto en sus comienzos, le dijo. Es cierto, contestó el padre, pero yo sólo quería que vinieras a ver la chágara que te había pagado los estudios durante veinte años.
En adelante fue el joven médico quien visitó mensualmente a la tía vieja. Era evidente su interés por la menor y la tía pudo comenzar su última muñeca con amplia anticipación. Se presentaba siempre con el cuello almidonado, los zapatos brillantes y el ostentoso alfiler de corbata oriental del que no tiene donde caerse muerto. Luego de examinar a la tía se sentaba en la sala recostando su silueta de papel dentro de un marco ovalado, a la vez que le entregaba a la menor el mismo ramo de siemprevivas moradas. Ella le ofrecía galletitas de jengibre y cogía el ramo quisquillosamente con la punta de los dedos como quien coge el estómago de un erizo vuelto al revés. Decidió casarse con él porque le intrigaba su perfil dormido, y porque ya tenía ganas de saber cómo era por dentro la carne de delfín.
El día de la boda la menor se sorprendió al coger la muñeca por la cintura y encontrarla tibia, pero lo olvidó en seguida, asombrada ante su excelencia artística. Las manos y la cara estaban confeccionadas con delicadísima porcelana de Mikado. Reconoció en la sonrisa entreabierta y un poco triste la colección completa de sus dientes de leche. Había, además, otro detalle particular: la tía había incrustado en el fondo de las pupilas de los ojos sus dormilonas de brillantes.
El joven médico se la llevó a vivir al pueblo, a una casa encuadrada dentro de un bloque de cemento. La obligaba todos los días a sentarse en el balcón, para que los que pasaban por la calle supiesen que él se había casado en sociedad. Inmóvil dentro de su cubo de calor, la menor comenzó a sospechar que su marido no sólo tenía el perfil de silueta de papel sino también el alma. Confirmó sus sospechas al poco tiempo. Un día él le sacó los ojos a la muñeca con la punta del bisturí y los empeñó por un lujoso reloj de cebolla con una larga leontina. Desde entonces la muñeca siguió sentada sobre la cola del piano, pero con los ojos bajos.
A los pocos meses el joven médico notó la ausencia de la muñeca y le preguntó a la menor qué había hecho con ella. Una cofradía de señoras piadosas le había ofrecido una buena suma por la cara y las manos de porcelana para hacerle un retablo a la Verónica en la próxima procesión de Cuaresma. La menor le contestó que las hormigas habían descubierto por fin que la muñeca estaba rellena de miel y en una sola noche se la habían devorado .“Como las manos y la cara eran de porcelana de Mikado, dijo, seguramente las hormigas las creyeron hechas de azúcar, y en este preciso momento deben de estar quebrándose los dientes, royendo con furia dedos y párpados en alguna cueva subterránea.” Esa noche el médico cavó toda la tierra alrededor de la casa sin encontrar nada.
Pasaron los años y el médico se hizo millonario. Se había quedado con toda la clientela del pueblo, a quienes no les importaba pagar honorarios exorbitantes para poder ver de cerca a un miembro legítimo de la extinta aristocracia cañera. La menor seguía sentada en el balcón, inmóvil dentro de sus gasas y encajes, siempre con los ojos bajos. Cuando los pacientes de su marido, colgados de collares, plumachos y bastones, se acomodaban cerca de ella removiendo los rollos de sus carnes satisfechas con un alboroto de monedas, percibían a su alrededor un perfume particular que les hacía recordar involuntariamente la lenta supuración de una guanábana. Entonces les entraban a todos unas ganas irresistibles de restregarse las manos como si fueran patas.
Una sola cosa perturbaba la felicidad del médico. Notaba que mientras él se iba poniendo viejo, la menor guardaba la misma piel aporcelanada y dura que tenía cuando la iba a visitar a la casa del cañaveral. Una noche decidió entrar en su habitación para observarla durmiendo. Notó que su pecho no se movía. Colocó delicadamente el estetoscopio sobre su corazón y oyó un lejano rumor de agua. Entonces la muñeca levantó los párpados y por las cuencas vacías de los ojos comenzaron a salir las antenas furibundas de las chágaras.

lunes, 14 de octubre de 2013

Ay ay ay de la grifa negra ( Julia de Burgos)

 

Ay ay ay, que soy grifa y pura negra;
grifería en mi pelo, cafrería en mis labios;
y mi chata nariz mozambiquea.



Negra de intacto tinte, lloro y río
la vibración de ser estatua negra;
de ser trozo de noche,
en que mis blancos dientes relampaguean;
y ser negro bejuco
que a lo negro se enreda
y comba el negro nido
en que el cuervo se acuesta.
Negro trozo de negro en que me esculpo,
ay ay ay, que mi estatua es toda negra.



Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
por quien el amo dio treinta monedas.
Ay ay ay, que el esclavo fue mi abuelo
es mi pena, es mi pena.
Si hubiera sido el amo,
sería mi vergüenza;
que en los hombres, igual que en las naciones,
si el ser el siervo es no tener derechos,
el ser el amo es no tener conciencia.



Ay ay ay, los pecados del rey blanco
lávelos en perdón la reina negra.
Ay ay ay, que la raza se me fuga
y hacia la raza blanca zumba y vuela
hundirse en su agua clara;
tal vez si la blanca se ensombrará en la negra.



Ay ay ay, que mi negra raza huye
y con la blanca corre a ser trigueña;
¡a ser la del futuro,
fraternidad de América!

Soneto XIII (Garcilaso)

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!

lunes, 30 de septiembre de 2013

Temen crisis humanitaria por "desnacionalización"



 Escrito por: EZEQUIEL ABIU LÓPEZ

Publicado en Hoy digital, 27 de septiembre de 2013

AP. Expertos dijeron que la decisión del Tribunal Constitucional dominicano de despojar de nacionalidad a miles de hijos de haitianos nacidos en República Dominicana podría crear una crisis humanitaria que abre la puerta para que miles de personas sean deportados y objetos de discriminación.   
El fallo, dado a conocer el jueves, es inapelable y le concede a la Junta Central Electoral un año de plazo para elaborar una lista de personas nacidas después de 1929 a las que se les quitará la nacionalidad dominicana.   
La medida abarca a los haitianos traídos al país, en su mayoría, como trabajadores agrícolas después de 1929 y a sus descendientes pues según la constitución, promulgada en 2010, y a una ley de migración de 2004, los hijos de inmigrantes sin autorización legal para vivir en el país no pueden ser considerados dominicanos debido a que a sus padres ahora se les considera extranjeros “en tránsito”.   
Muchos de los afectados por la medida “ahora son apátridas”, dijo Wade McMullen, abogado del Centro Robert F. Kennedy para la Justicia y los Derechos Humanos.
“Realmente no sabemos qué va a pasar con esta gente. Con base a lo que el gobierno dominicano está diciendo, estas personas no son ciudadanos dominicanos y tendrían que salir efectivamente rumbo a Haití, donde, además, no son ciudadanos. Crea una situación muy complicada”.   
El viernes Roberto Rosario, presidente de la Junta Central Electoral, dijo que “no se les niega el derecho a la nacionalidad, sino que les da la oportunidad de acceder a la nacionalidad y regularizarse mediante el plan nacional de regularización” Pero ni Rosario ni la junta ni la dirección de Migración dieron detalles sobre cómo se adelantaría la medida.   
José Ricardo Taveras, director de Migración, aseguró en un comunicado que una vez creado el inventario de descendientes de inmigrantes ilegales y puesto en marcha el eventual plan de regularización, “no debe pasar de dos años” para que los afectados se hayan legalizado.  
El plan nacional de regularización de ilegales, previsto en la ley de 2004, aún no existe y el director de Migración, José Ricardo Taveras, miembro de un partido nacionalista cuyos líderes mantienen desde hace décadas un discurso sobre la supuesta “haitianización” del país, no detalló si existe un proyecto para crearlo.
No existen cifras sobre la cantidad exacta de personas que serían afectadas pero el viernes Joseph Cherubin, presidente de una organización no gubernamental de defensa de derechos de los inmigrantes, cree que pueden ser unas 300.000 personas las afectadas, con base en una reciente encuesta que estima que 210.000 personas de origen dominicano son de ascendencia haitiana y otros 34.000 son nacidos de padres que tienen otra nacionalidad.   
Este estudio es respaldado por la ONU.  La organización no gubernamental Centro Bonó estima que los afectados son cientos de miles; unas cuatro generaciones de afectados.
Antes de la promulgación de esa ley y la nueva Constitución, estas personas eran consideradas dominicanas y sus actas de nacimiento y documentos de identidad les eran expedidos.   
Pero desde 2007, el registro civil suspendió la expedición de cédulas y dejó de emitir las copias certificadas de las actas de nacimiento de estas personas por considerar a sus padres o abuelos, como extranjeros en tránsito, no podían declarar como dominicanos a sus hijos.   
Estas personas nacieron en las décadas de los 70, 80 y 90 en el país. De acuerdo con estadísticas oficiales, la Junta Central Electoral tiene bajo investigación unas 16.000 actas de nacimiento de las últimas décadas y se ha negado a expedir documentos de identidad a unas 40.000 personas desde 2007.   
La Iniciativa de Justicia de la organización estadounidense Open Society “está impactada y profundamente preocupada”, dijo Julia Harrington, funcionaria de asuntos legales para la igualdad y ciudadanía.   
“Uno siente que eso va a llegar, que en cualquier momento me detienen (los agentes migratorios) y me mandan a Haití”, dijo Elmo Bida Joseph, estudiante de 21 años a quien las autoridades no le expidieron un documento de identidad y anularon una copia certificada de su acta de nacimiento debido a que es hijo de inmigrantes haitianos.   
Cientos de dominicanos de ascendencia haitiana también han sido deportados por carecer de documentos de identidad, recordó Altagracia Jean, activista de la organización que preside Cherubin y a quien la Junta Central Electoral le negó sus documentos durante cinco años.   
Las autoridades migratorias realizan operativos permanentemente en las calles de sus ciudades y detienen y deportan a haitianos que cruzan la frontera, sin permiso migratorio, en busca de trabajo.  
“Uno está en la calle y sólo por el color de piel un agente le pide documentos”, dijo Jean. Tras la decisión del tribunal “no sé qué va a pasar conmigo, si me van a volver a retener” el acta de nacimiento.   
Los agentes de inmigración usualmente echan mano de los rasgos faciales y el color más oscuro de piel de los haitianos para identificarlos y pedirles que muestren sus documentos migratorios, según la organización Servicio Jesuita para Refugiados y Migrantes.  
Las fuerzas armadas también mantienen operativos permanentes para detener el constante flujo de haitianos que cruzan la frontera sin permiso. Desde agosto de 2012, el Ejército ha detenido y repatriado cerca la frontera a unos 48.000 inmigrantes haitianos, indicó el viernes el jefe de esa institución, Rubén Darío Paulino.   
“Vi todos mis sueños rotos”, se lamentó Bida Joseph, quien por falta de esos documentos no pudo inscribirse en una academia de béisbol. “Que de pronto te digan que no, que no eres dominicano; es muy frustrante”.  
El joven nacido en un “batey”, como se conoce a los pueblos dentro de los cañaverales habitados principalmente por inmigrantes haitianos y sus descendientes, no habla creole ni francés y nunca ha viajado Haití.  
Como carecía de su documento de identidad, perdió hace un año su trabajo como técnico de cámaras de seguridad y está en riesgo de abandonar sus estudios de ingeniería industrial, ya que el plazo que la otorgó la universidad para presentar sus documentos está por vencer.
David Abraham, profesor de derecho en la Universidad de Miami, dijo que la medida era parte de una campaña mayor para impedir el ingreso de haitianos y alentar la auto deportación de quienes ya se encuentran en el país.   
“El miedo de la República Dominicana de ser rebajada al nivel económico de Haití y el `ennegrecimiento’ del país obsesionan a los políticos dominicanos desde hace bastante más de un siglo”, dijo Abraham en alusión a las diferencias raciales y al hecho de que Haití es uno de los países más pobres del mundo.   
La abrumadora mayoría de los haitianos son negros mientras que los dominicanos son mestizos.  La oficina del primer ministro haitiano Laurent Lamothe se negó a hacer declaraciones sobre el fallo. 
El Tribunal Constitucional argumentó que no deja sin patria a los miles de afectados, ya que la constitución haitiana otorga la nacionalidad de ese país a todos los descendientes de haitianos sin importar el lugar donde nazcan.  
Pero para la jueza de ese tribunal, Katia Miguelina Jiménez, quien votó en contra de la sentencia, aprobada con el voto de 11 de sus 13 jueces, el fallo deja “desprovista de la nacionalidad dominicana, deviniendo en apátrida (...) a miles de personas que nacieron en suelo dominicano”.  
“Es un absurdo; ahora resulta que el gobierno dominicano le quiere dar la nacionalidad de otro país (Haití) a gente nacida en su territorio”, dijo el activista Cherubin.   
Durante décadas, miles de inmigrantes del vecino Haití fueron llevados a trabajar a los cañaverales dominicanos de capital estadounidense, donde permanecieron el resto de sus vidas y formaron sus familias. Sus descendientes nacidos en República Dominicana eran reconocidos por las autoridades como dominicanos, con base en las leyes vigentes en ese momento. 
Según una reciente encuesta del Ministerio de Economía, en República Dominicana viven unos 458.000 inmigrantes haitianos y que la población de origen haitiana es superior a 688.000, es decir, poco menos del 10% de la población del país. 
El fallo del tribunal “abre las puertas para resolver definitivamente un problema que mantiene una herida abierta en la sociedad dominicana”, dijo el viernes Taveras, el director de inmigración.
Pero para el activista Cherubin la decisión del tribunal y de la Junta Central Electoral no es más que “una persecución” en contra de los descendientes de haitianos. 
Martha Cuba Bautista, nacida en 1979 en República Dominicana de padres haitianos dijo que pese a tener acta de nacimiento y cédula dominicana no ha podido registrar el nacimiento de su hija debido a su ascendencia haitiana.
La decisión del tribunal fue difundida sólo días después de que los representantes de la ONU y ACNUR se reunieran el pasado 13 de septiembre con el presidente Danilo Medina para solicitarle su intervención a fin de solucionar la situación de las miles de personas a quienes la Junta Central Electoral les niega sus documentos.
Medina, quien nunca se ha referido públicamente al tema, indicó que no podía intervenir porque la decisión estaba en manos de otro poder del Estado. 
“Es un genocidio civil”, de acuerdo con el abogado Cristóbal Rodríguez, quien encabezó uno de los dos procesos judiciales de dominicanos de ascendencia haitiana a quien las autoridades le niegan la nacionalidad que han llegado a Corte Interamericana de Derechos Humanos.  
 Recordó que no se trata de darles el derecho a obtener la nacionalidad, pues “han sido dominicanos toda su vida”

Un pueblo desangrado por la emigración



Por José A. Delgado ( publicado en el Nuevo día, 29 de septiembre de 2013)

WASHINGTON – Las proyecciones son tan indisputables como alarmantes: el  alto éxodo de puertorriqueños hacia Estados Unidos,  solo comparable con la gran emigración de mediados del pasado siglo, es la nueva norma.
La emigración hacia Estados Unidos ha ido en aumento desde la década de 1980, pero en los últimos años, sobre todo a partir de 2006 -cuando la economía boricua entró en recesión-, ha subido a cifras inesperadas. En 2003, la diáspora boricua en Estados Unidos  estaba formada por el mismo número de personas que el total de habitantes de la isla: 3.8 millones. Esto marcó, de por sí, un momento histórico.
Hoy, 10 años después, sin embargo, parece noticia de otro siglo, cuando se toma en cuenta que ahora cerca del 60% de las personas que afirman su origen puertorriqueño tiene su domicilio en un estado de Estados Unidos.
Los datos más recientes de la Encuesta de la Comunidad del Censo federal señalan que en 2012 las personas de origen boricua en Estados Unidos sumaban 4.97 millones, frente a 3.67 millones de personas que viven en la Isla. Si se excluye a los extranjeros, la población la Isla queda en 3.51 millones, prácticamente 1.5 millones menos que los que se identifican como boricuas en Estados Unidos.
En la última década la diáspora creció en un 35%. En ese mismo período de tiempo el aumento de la población en Estados Unidos fue de 9.7%.
La masiva emigración hacia  Estados Unidos ha avivado el debate sobre los múltiples efectos de esto en la isla, con la población disminuyendo y envejeciendo. La única otra jurisdicción federal que perdió población durante la década de 2001 a 2010 fue Michigan, un estado que también ha estado sumido en una dura crisis económica.
“Si el patrón continúa, al terminar esta década es probable que dos tercios de los puertorriqueños residan en Estados Unidos”, dijo el profesor Edwin Meléndez, director del Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College de Nueva York.
La emigración a Estados Unidos se masificó en la década de 1940 y subió a su nivel más alto en los '50. Después de haberse reducido en los '70, lleva tres décadas de continuo crecimiento. Pero, hacía medio siglo que no se veía un salto como en la década anterior cuando cerca de medio millón de personas se fueron al Norte.
Para muchos padres ya no es extraño tener a la mayor parte de sus hijos en Estados Unidos, como consecuencia de la realidad de un país que, como ninguno otro en esta región, tiene más personas en la diáspora que en su territorio.
Desde hace dos décadas, Myriam Soto, de San Juan, tiene a sus tres hijos en Estados Unidos, dos ahora radicados en Florida y una en la zona de Washington D.C. Aunque le traen a los nietos a la Isla, Soto les visita periódicamente. “Los nietos saben que abuelita va a verlos cada cierto tiempo”, indicó Soto, jubilada desde hace 13 años de la Corporación del Fondo del Seguro del Estado.
No ha contemplado, sin embargo, brincar el charco.  “Tengo mis cosas y mi rutina en Puerto Rico”, dijo Soto.
Roger Rodríguez y Luz Roche, de Villalba, vieron con tristeza como a finales de la década de 1990 y principios de la década de 2000, sus tres hijos decidían buscar nuevas oportunidades económicas en Estados Unidos. “Cuando se fue la primera, hace unos 15 años me dio mucha pena. Entonces cuidaba a mi primer nieto. Cuando se fue el más pequeño, el último, sí que me dio mucho dolor, pues no pensaba que se iba a ir”, dijo Roche.
Por lo menos una vez al año van a Nueva Jersey y Maryland a ver a sus hijos y nietos.  “Cuando me da un bajón de nietos mando a buscar alguno”, contó Roche, quien narró que cada vez que vuelve a ver a sus hijos se le ilumina la vida, pero sufre inmensamente en el momento de la nueva despedida.
 Un desplazamiento que no cesa
Las proyecciones del Censo federal son que la población de Puerto Rico descenderá a 2.3 millones en 2050, el mismo número de habitantes que había en 1950, justo un siglo antes. A un plazo más corto, 2025, los estimados del Censo federal son que la población quede en 3.38 millones.
“Los comienzos de esta década parecen una continuación de la anteriores, pues en todo caso la emigración pudiera intensificarse debido a la situación económica en Puerto Rico”, indicó el antropólogo Jorge Duany, profesor de la Universidad Internacional de Florida.
No fue hasta mediado de la pasada década que la oficina del Censo federal, por medio de la Encuesta de la Comunidad, comenzó a ofrecer las herramientas para  ordenar mejor el conteo sobre el total de personas que dejan la Isla para radicarse en Estados Unidos.
A base de los datos de la Encuesta de la Comunidad del Censo federal y el movimiento de pasajeros que registra la Autoridad de Puertos, el Instituto de  Estadísticas de Puerto Rico ha calculado que el total de emigrantes durante la pasada década pudo rondar los 450,000.
De esos más de la mitad salió de la Isla a partir de 2006, cuando la isla entró en una recesión económica que aún le mantiene dando tumbos, expiró la sección 936 del Código de Rentas Internas y la crisis política interna generó un cierre de dos semanas del gobierno de la Isla.
Para poder explicar que la brecha en la población de Puerto Rico y los que residen en Estados Unidos haya llegado a ser de 1.3 millones, los conocedores consideran que, junto a la caída en la tasa de natalidad, hay que partir de la premisa de que medio millón de boricuas se marchó de Puerto Rico entre 2001 y 2010. Nada ha cambiado desde entonces, como lo reflejan los nuevos datos de la Encuesta de la Comunidad, que indican que la emigración neta fue de más de 54,000 personas en 2012.
 La “guagua aérea” hacia Florida
Durante las últimas dos décadas, la ruta principal de la guagua aérea boricua ha sido hacia el estado de Florida. El primer gran salto en el éxodo hacia Florida ocurrió durante la década de 1990 a 2000. Pero, de 2001 a 2010 el total prácticamente se duplicó, hasta alcanzar los 850,000.
Los nuevos estimados del Censo federal indican que la población boricua de Florida ahora alcanza las 912,595 personas. Las expectativas son que en el 2020, al terminar esta década, haya más boricuas en Florida que en Nueva York, un estado en el que viven 1.1 millones de personas que afirman su origen puertorriqueño.
Las decenas de miles de personas que se van cada año en busca de un trabajo o una oportunidad para avanzar económicamente son también un testamento de tenacidad.  “Hacen lo que haya que hacer por sobrevivir y encontrar trabajo. Toda esa experiencia choca con la idea de algunos de que somos vagos”, dijo Meléndez.
En un análisis que publica el Centro de Estudios Puertorriqueños, el investigador Kurt Birson sostiene que a pesar de que muchos de los boricuas que se mudan a Estados Unidos salen en busca de un mejor trabajo, no siempre se les hace fácil.
De acuerdo al estudio, los puertorriqueños que emigraron entre 2000 y 2011 “estaban desempleados a una tasa de 24.6%”, en comparación con la tasa de 17.2% que había en la Isla hace dos años. Junto a los dominicanos y mexicanos, la diáspora boricua es el tercer grupo con el mayor porcentaje (28%) de personas bajo el nivel de pobreza, solo por encima de los  hondureños (33%) y guatemaltecos (29%).
 “Fuga de talento”
En términos proporcionales, la ‘fuga’ de profesionales y jóvenes con educación universitaria no es lo proporcionalmente gigantesca a la impresión que en ocasiones se ha proyectado.
Pero, ello no supone que sea menos preocupante. Los datos de la Encuesta de la Comunidad  del Censo federal– entre los años 2000 y 2011 – señalan que la emigración boricua hacia Estados Unidos ha sido representativa del perfil socioeconómico de la Isla.
Cierto que el 45% de los que tomaron la guagua aérea tenían estudios universitarios, pero el porcentaje no es muy distinto a los que se quedaron (43%), según el análisis de Birson. El 20% de los que salieron tenían bachillerato o una maestría. Pero, el porcentaje (22) de los graduados de bachillerato o maestría es más alto entre los que se quedaron.
Estos datos, sin embargo, no minimizan el hecho de que Puerto Rico pierde cada año muchos jóvenes profesionales en las áreas de ingeniería, medicina, ciencias y educación. En su estudio “Perfil del Migrante”, el Instituto de Estadísticas mantuvo que entre los poco más de 76,000 personas que se fueron de la Isla en 2011, pudo haber cerca de 2,000 maestros, 300 médicos y 170 abogados.
La mediana de edad de los emigrantes fue de 29.2 años. “No es que los que salen tienen mayor educación formal, es que ahora hay más jóvenes profesionales en Puerto Rico. Eso se refleja también en la emigración”, dijo Meléndez.
Muchos de los que están en Florida central se fueron a ocupar puestos de trabajo en área de servicio en Disney World. Florida ha sido también el destino de muchos ingenieros que trabajan para la NASA en Cabo Cañaveral.
Grupos significativos de ingenieros boricuas también han terminado en Texas y la zona de Washington, atraídos tanto por la NASA, otros sectores del Gobierno,  empresas tecnológicas e industriales.
“Los puertorriqueños en Florida tienen más ingresos, mayor ocupación y niveles educativos más altos que los de otros estados como Nueva York, Pensilvania y Massachusetts”, expresó Duany.
 “Me tuve que ir”
A los 46 años, Carlos Hernández, un ingeniero mecánico, aceptó un trabajo como empleado civil de la Marina de Guerra en Nuevo Hampshire. La empresa de construcción de su padre, donde trabajaba, enfrentaba problemas. Era 2011, un año que Hernández quisiera olvidar, y el sector de la construcción en la Isla tocaba fondo.
“Llevaba dos años prácticamente viviendo de mis ahorros y pagando $2,000 mensuales por un colegio privado de educación especial para uno de mis tres hijos. Me tuve que ir”, señaló Hernández, quien ahora, con base en Jacksonville (Florida), es gerente de programas a cargo de rehabilitar los sistemas de aire acondicionado de los edificios de la Marina.
El director del Instituto de Estadísticas, Mario Marazzi, afirmó que para un país pequeño como Puerto Rico, “que no es un centro mundial”, tiene una significativa importancia el que “la crema de nuestra población, como los ingenieros que se gradúan del RUM, sean atraídos por trabajos en Estados Unidos y no se queden en la Isla”.
 Una población que envejece
En 2012, la población de 65 años o más en Puerto Rico representaba el 15.6% de todos los habitantes de la Isla, en comparación con 11.2% en el 2000.  “Mientras la población total se redujo en 3.8%, entre el 2000 y 2012, la población de 65 años o más aumentó en 36.1%”, agregó Marazzi.
Si se toma en cuenta la población de 60 años o más, el porcentaje salta a casi el 22%. Las proyecciones son que el porcentaje de personas de 60 años o más puede duplicarse de cara a 2050.
El envejecimiento de la población de la Isla, sobre todo en un país con una participación laboral muy baja (39%), encara retos importantes para la forma en que el Gobierno ofrece servicios de transportación, educación, salud y vivienda.
Mientras más envejece proporcionalmente una población menos productiva es y, para rematar la crisis fiscal, menos aporta al erario público.